2. —

1740 Words
Isla Giesler Tal vez, solo tal vez no debí escuchar la conversación entre Connor y Pablo. Dos razones, la primera, el hermano de Connor parece odiarme y querer eliminarme a toda costa y la segunda es que nunca, jamás Connor me menciono que me tenía custodiada. No soy un perro para que me vigilen. –Yo no utilizaría el termino odiar. Lo que los monstruos le hicieron al resto de la tribu y a su familia le afecto –frunzo el ceño. – ¿Monstruos? ¿A qué te refieres? –pregunto ofendida y en cierto punto, ¿Dolida? –A esas personas si es que así se les puede decir, aquellas que han acabado con vidas sin importarles nada –dice seguro, en sus ojos puedo ver odio–. Ellos, esos asesinos. No hay nada que pueda excusarlos. –Fuera –pido al límite de mi paciencia–. ¡Connor, sal ya de mi cuarto! –Isla, céntrate en mi voz, escúchame –comenta tratando de tranquilizarme. –Tu voz es lo que menos me sirve ahora, sólo lárgate –le ruego con miedo, miedo de mí.  –No puedes darme ordenes Isla, respira –aconseja con preocupación, haciendo muecas–. Puedo sentir lo mismo que tú, ¿Recuerdas? Si te desestabilizas tú, también me pasa a mí. –Connor, vete. Siento que me ahogo contigo dentro de este cuarto –requiero alterada, soy consciente de como todo el poder que tengo por dentro y que he estado guardando toma el control de mí cuerpo poco a poco–. Sal, por favor No puedo controlar mis movimientos, mis manos se mueven señalando a Connor, él no tiene tiempo de reaccionar, puedo ver claramente cómo impacta justo en su pecho toda la fuerza de mi poder. El cuerpo de Connor yace inconsciente, yo por mi cuenta me arrastro hasta el otro costado del cuarto, mis manos tiemblan. –Connor, hermano –Pablo, entra en el cuarto y al verme en ese estado, observa la dirección en la que mi mirada esta fija–. ¡Demonios! Por Dios, ¿Qué le hiciste? –simplemente en su mirada se lee perfectamente que no preguntará cómo paso, sólo va culparme. –Escúchame... –murmuro levantándome. –Lo has lastimado, él puso toda su confianza en ti –solo puedo sentirme pequeña, ante su mirada de asco. Dirijo mi vista a Connor, está despertando. Trato de acercarme pero Pablo coloca su mano alrededor de mi cuello, lo aprieta con fuerza y luego me suelta bruscamente. – ¡Connor! –exclamo preocupada–. Perdón, no quise... –Pablo me interrumpe. –No te acerques a él. Eres... –Ni se te ocurra Pablo –le contradice la voz de Connor. –Estas bien –afirmo, pero aun así me acerco y coloco su cabeza en mis piernas–. Lo siento tanto, pero tú... –Sal Pablo, ni una sola palabra de lo que aquí pasó. Por tú bien no intentes desafiarme –amenaza con severidad. –Pablo, dile a todos lo que le hice a su jefe. Así todos estarán de acuerdo con que me vaya –él aludido asiente y nos deja solos–. ¿Seguro qué estás bien? –Yo sí, pero creo que tú te diste un golpe en la cabeza –enuncia–. ¿Irte? No hablas enserio. –Sí que lo hago Connor –le ayudo a ponerse de pie me alejo de él–. Tú mismo lo dijiste somos monstruos, además tienes muchas razones para sacarme de tu tribu,hoy te he lastimado. –Por eso creías que me fuera, tú descontrol fue mi culpa –dice entre risas–. Isla, mírame tu misma,estoy bien, un tanto mareado pero bien. –No, está a discusión quiero irme y lo haré –comunico con voz firme. –Isla, no eres un monstruo, ¿De acuerdo? –se corrige en un vago intento de disculpa. –Lo dejaste todo muy claro Connor, creí que tú nunca lo dirías –expreso seria saliendo de allí.    — Connor Lee Sinceramente no tenía idea de que estupideces estaba diciendo, debí percibir el cambio de humor de Isla. De qué sirve el maldito enlace si no puedo saber cuál es el límite que no debo de tentar para que se altere. Sí, me importa la tribu sobre muchas cosas son mi familia y ella ya es parte de esta. Lo peor de esto es que seguramente Pablo ya les comunico a todos lo que paso. Lastimar o simplemente atentar contra el jefe de la tribu debe pagarse con el exilio o con la muerte. Camino hacia el lugar donde todos los de la tribu se reúnen y como imaginé Isla sólo provoco que la acusen sin razón alguna. Puede que me haya golpeado un poco, pero fue en defensa propia. – ¡Sáquenla de la tribu! No la queremos aquí –gritan personas alrededor de Isla, mientras Ailey trata de resguardarla. –Intento asesinar a mi hermano, se merece la muerte –apoya Pablo con rencor. – ¡Muerte, muerte! –exclaman los presentes salvo Ailey. Isla por su cuenta intenta mantenerse serena, pero es difícil–. Es una asesina, mátenla.   – ¡Silencio! Todos cállense ya –ordeno caminando hacia el centro de la multitud. –Connor, el golpee debió afectarte. Me encargaré de esto y de ella –sugiere Pablo llegando a mí lado. –Nadie hará nada en contra de nadie. Yo provoque a Isla, ella solo se defendió –anuncio levantando la voz–. Espero que todos entiendan que ella no cometió ningún crimen, sigo con vida.  – ¿Qué haces? –pregunta Isla confundida–. Ellos tomaron una decisión y no me quieren aquí. Deja de insistir, me iré. Si voy con las personas que me buscan tal vez tu tribu se salve. –Isla, ya hable. Ve a tu cuarto –contesto con los dientes apretados. –Te dije que no puedes tenerme controlada, soy un ser humano, no un animal. ¿Queda claro? –inquiere molesta.  –Puedes decir lo que quieras después. Ahora déjame arreglar esta situación –ella intenta refutar, entonces hago lo único que se me ocurre –Ailey llévatela a su cuarto y que no salga –ordeno y ella obedece.   –Escucha Connor, eres el jefe y te respeto. Pero tú protegida es una amenaza latente para los nuestros –opina mí hermano. –Muchacho, oye a los tuyos. Recuerda siempre que un líder debe saber escuchar el criterio de los demás –comenta uno de los curanderos de mí tribu–. Ciertamente la joven parece necesitar un poco más de espacio y tranquilidad, estar encerrada aquí no la ayudará conocerse mejor.  –Sé que son los más sabios aquí, pero he tomado mi decisión y Isla se quedará. Aunque todos estén en su contra –manifiesto con autoridad. –Connor, estas cometiendo un grave error. Tú protegida quiere irse, debes tomar en cuenta es –dice Pablo con cansancio–. Ella, por lo visto sabe de lo que es capaz, no ves que de cierta manera no quiere hacerle mal a la tribu. –Acaso, tú no has pensado, Pablo, que nuestro jefe está montando una estrategia –interpreta Ponce, compañero de mí hermano–.Si los monstruos esos llegasen a atacarnos tenemos un as bajo la manga. La tenemos a ella –sonríe perversamente. – ¿Qué carajos están hablando? –cuestiono acercándome a él de manera amenazante–.Isla, es una más de todos ustedes, de todos nosotros. Continúen con sus actividades y estén alertas –puntualizo retirándome de allí. Aún recuerdo como encontré a Isla, puede que sí me haya encariñado con ella, pero aunque se muestre fuerte, no lo es su mente y corazón son demasiado frágiles. La conozco sé por lo que paso, lo que vivió y de lo que se culpa constantemente. El tercer día del ataque de los Renacidos, parte de mí gente salió a buscar a los desaparecidos, a las víctimas y a los fallecidos. Mi deber como su jefe fue ir con ellos, nos separamos en varios grupos, necesitaba encontrar a los miembros de la tribu, quería encontrar a mi familia. Junto con Pablo, entramos a un sitio que parecía un santuario pero muy diferente a los que solíamos visitar. Todo parecía tranquilo hasta que el lugar comenzó a caer en pedazo, la ceremonia para pasar a ser el jefe de la tribu estaba incompleta pero de todas formas pude sentir la energía latente de las personas encerradas en aquel lugar. Mi hermano me pedía a gritos que nos fuéramos, recordándome que la tribu era mi responsabilidad. Sin embargo mi instinto fue más fuerte, no recuerdo claramente como llegue hasta la piscina se podría decir donde había muchas personas. Parecía que todos dormían tranquilamente, cada uno de sus cuerpos estaban atados a un ataúd transparente, deje de un lado los gritos de Pablo y me centre en desatarlos quería sacarlos a todos pero estaba luchando contra el tiempo. Desaté a cinco personas y al hacerlo sus rostros recobraban su color normal, tres de ellas despertaron. Un señor mayor lamentablemente perdió la vida al ser sacado de ese ataúd, la otra era una muchacha, algo que me atrajo de ella era su cabello cuando estaba dentro del agua era n***o, después fue rojizo.  La chica más joven de ese pequeño grupo de cinco personas no despertó, pero sabía que estaba viva, así espere un poco dando tiempo también para que el resto de personas estuvieran completamente conscientes, sabía que era una misión s*****a esperar por aquella chica, así que le pedí a las personas que salieran y que se fueran con Pablo. Algo me decía que no podía dejarla allí, hice lo único que pude hacer: cargarla y llevarla al refugio de la tribu. De alguna manera tuve una conexión instantánea con Isla.  Cada día que pasaba y no despertaba, los sanadores, que habían sobrevivido al apocalíptico tiempo que estábamos viviendo, daban cada vez menos esperanzas. Al llegar el sexto meses, mi hermano y algunos hombres partieron por más suministros, dos semanas después de eso. Ella simplemente despertó. No conocía a nadie obviamente, pero desde ese momento fui su protector, la cuide y le brinde la seguridad y confianza que nadie más, salvo Ailey, le dio en la tribu.
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