Melisa observó lo mucho que a la niña parecía gustarle Alex y pensó que eso era bueno, ya que Lis podía sentirse más a gusto. Sin embargo, algo le preocupaba y no sabía qué era. —Ahora que nos vamos de aquí podemos ir a pasear por algún parque ¿qué os parece? —Alex continuó, intentando ganarse la confianza de la niña. —¡Quiero, quiero! —Lis dijo eufórica. —No creo que sea una buena idea todavía. Mi amor. —Melisa se inclinó junto a su hija—. Necesitas ir a casa y descansar un poco. —He descansado demasiado en el hospital. —La niña replicó. —Es cierto Melisa, déjala caminar un poco —Alex la defendió, demostrando que estaba de acuerdo con la beba. —Ya te dije que ella necesita irse a casa, Alex —dijo nerviosamente, pero sin ninguna demostración aparente. —No quiero ir ahora, quiero ir

