Intentó empujarlo hacia el agujero de nieve del que acababa de salir, pero él evitó su intento con una risa. —¡Es una guerra! —lo anunció. —¡Tú la empezaste! —él se burló, recogiendo toda la nieve que pudo. Corrían uno alrededor del otro, lanzándose bolas de nieve, hasta que Kai se cansó de todo eso. Hacía mucho tiempo que no la tocaba, y la necesidad de abrazarla de nuevo era abrumadora. Dejó todo lo que tenía y se acercó a ella por montones de nieve como un depredador. Ella le lanzó una bola de nieve tras otra con una puntería precisa, pero él las esquivó todas. Nada se comparaba con el deseo de tenerla de nuevo. —¿Qué estás haci... —No logró terminar su frase cuando él la agarró en sus brazos y ambos cayeron juntos en la nieve, cubriendo sus labios con los suyos en un beso posesivo.

