Brigit corrió por el laberinto usando el camino que ya había probado antes. Sabía que no podía confiar en nadie demasiado bien, y su propio camino era el más seguro. Los edificios de la Ciudad Olvidada comenzaron a derrumbarse uno tras otro demasiado rápido, demasiado cerca... Hasta el punto de que pensó que no lo lograría. Finalmente llegó a la parte más difícil del laberinto con las baldosas secretas e intentó saltar de una a otra, buscando las vacías o las estrellas del norte. Ya estaba tan cerca del muro que casi podía sentir la seguridad. Sin embargo, en el último momento, una pequeña chabola no muy lejos de ella explotó, trozos de piedra volando en todas direcciones, uno de los pesados aterrizando en una de las baldosas de creciente justo al lado de su pie. Tuvo solo un segundo par

