Savannah se posicionó con los pies firmes en una postura defensiva, lista para la batalla. Athena nunca la había decepcionado, pero ahora parecía más tensa que nunca, lo que solo podía significar que su oponente era extremadamente peligroso. El ojo rojo brillante no se movía, al igual que ella, mostrando sus colmillos como advertencia al intruso. Sus patas sacaron sus garras, cavando en el suelo bajo ella. Si la criatura la atacaba, estaría lista para decapitarla. No estaba de humor para bromas. Sin embargo, cuando dio un paso hacia ella, saliendo de la espesa y sofocante oscuridad del bosque donde había estado escondida, un escalofrío recorrió la espalda de Savannah. Enorme, con un ceño fruncido de aspecto feroz, un oso blanco se movía lentamente en su dirección, sin apartar los ojos d

