Savannah no sabía qué esperar ahora. Posó su mirada en su compañero sonriente, aunque principalmente le interesaba observar la reacción de Kai. A ella le parecía tenso, con los labios fruncidos y las manos en los bolsillos del pantalón. Sin embargo, cuando sus ojos se encontraron, una pequeña sonrisa tranquilizadora alcanzó las comisuras de sus labios, y ella supo instintivamente que nada había cambiado entre ellos hasta el momento. —¿Y bien? —Claude la instó a responder, agitando su pelo rubio brillante como si estuviera protagonizando un comercial de champú—. ¿Estás segura de que te quedas, Savannah? —No puedo estar segura, ¿verdad? —respondió Savvy, levantando un poco la barbilla. Miró de nuevo al Rey del Norte. Su sonrisa desapareció, pero ahora era ella quien quería animarlo—. Soy l

