En cualquier caso, no invitamos a su marido a nuestra pequeña velada. Se trataba únicamente de una noche de mujeres. Aquella salida se parecía a las de siempre, con la diferencia de que nos decantamos por una discoteca en lugar de por un bar. Al final… el lugar se acercaba más a un pub con una pista de baile. Justo antes habíamos cenado en un restaurante del barrio y después nos dirigimos a ese club. Hubo algo que cambiaría por completo el transcurso de la noche: el primo de Lesya le había hecho un regalo inusual y le aconsejó que lo disfrutara con sus amigas. Al acabarnos una bebida con demasiado alcohol, Lesya sacó de su bolso un pequeño y redondo bote metálico que escondía en su interior una decena de bolsitas con un polvo blanco. Enseguida adiviné de qué se trataba. Lesya nos explicó

