El coche que nos lleva desde el aeropuerto hasta la casa de mis padres es una limusina larga y moderna con unas lunas peculiarmente gruesas. —¿Son a prueba de balas? —pregunto en cuanto nos subimos al vehículo. Julian despeja mis dudas asintiendo con la cabeza. Está sentado en los asientos traseros con Rosa y conmigo y Lucas va conduciendo, como de costumbre. Me pregunto si estará enfadado por haber tenido que dejar a su juguetito ruso para venir al viaje. Las últimas noticias que tengo son que la intérprete aún está viva y que sigue prisionera en la vivienda de Lucas. Julian me dijo que le había asignado a dos guardas para que la vigilen y se aseguren de que está bien durante su ausencia. Por lo que se ve, no quiere que nadie más tenga el privilegio de torturarla. Toda esa situación me

