―¿Todavía no les has dicho nada a tus padres sobre el bebé? ―Rosa me mira sorprendida mientras salimos de casa para hacer nuestra caminata matutina. ―No ―digo, mientras pego un sorbo a un batido de frutas con vitaminas en polvo―. No ha habido ocasión aún. ―Pensaba que hablabas con ellos todos los días. ―Y así es, pero no ha salido el tema. ―Puede que parezca que estoy a la defensiva, pero no puedo evitarlo. En lo que se refiere a cosas que me dan verdadero pavor, decirles a mis padres que estoy embarazada está ahí, a la par del nacimiento del niño. ―Nora. ―Rosa se detiene debajo de un grueso árbol rodeado de hiedras―. ¿Te preocupa que tus padres no se alegren por ti? Me imagino la reacción de mi padre al saber que su hijita de veintipocos años está embarazada de su secuestrador. —Se

