La Concubina imperial Azzar solo asintió en cuanto escuchó que la reina había dado a luz. Después de todo, ¿Qué podía hacer? No tenía el coraje para asesinar a ese inocente bebé, de tan solo pensarlo su corazón se sobresaltó y de inmediato pensó en su propio bebé. Ahora, con la emperatriz suelta nuevamente, se vendría una verdadera guerra. Ezra sabía que días duros llegarían, sin embargo, no imaginó la magnitud de lo que afrontaría. Para ese momento, Azzar ya se encontraba arreglándose para presentarse junto con otras concubinas al palacio de la eterna luz y darle las felicitaciones por el heredero imperial. No tenía ganas de ir, pero estaba obligada a hacerlo, aquello era otra hipocresía entre las bellezas, sus relaciones podían parecer agradables, aunque tan solo eran lazos maquillad

