El palacio de la eterna luz abrió sus puertas doradas para celebrar un costoso banquete entre concubinas. Todo estaba pulcro y muy bien arreglado. Las mesas se extendía desde una esquina de la cámara principal hasta la otra formando una U. El harén del rey contaba con más de cien concubinas, sin embargo, a ese evento solo asistirían las más renombradas y conocidas del palacio. Poco a poco las concubinas invitadas empezaron a entrar al recinto y se ubicaron según las ordenaban en la mesa. Las mujeres llevaban sus mejores vestidos de galas y estaban muy bien maquilladas… después de todo no iban a visitar a cualquier persona sino a la misma emperatriz. La asistente Azzar también había sido invitada por la emperatriz al banquete, aquello la sorprendió, pues era muy extraño que después de a

