A mi me encanta y en mi mente agradezco en silencio a tía Agatha por haberme revelado los secretos de este placer de apretar la v****a cuando le confesé haber perdido mi virginidad. Le doy las gracias esté donde esté, porque esto le encanta a cada hombre que he conocido. Y aquí tengo a este ya desatado. Mi Stavros se volvió loco de nuevo y ahora con sus grandes manos me agarra las caderas con fiereza mientras su respiración se agita con deseo. Clavo mis uñas en su espalda, uniendo dolor y excitación en cada movimiento. Pero ya no resisto mas, porque con esta fricción siento la llegada inminente del clímax y comienzo a sentir ese cosquilleo con electricidad. ―¡Ahhhh, ahhhh, me vengo, me vengo!―le aviso porque creo que ya estoy por venirme. Una corriente eléctrica recorre todo mi ser, a

