Ya me están desesperando. Hace más de media hora que me habían dicho que en media hora me iban a venir a buscar, para por fin poder irme a casa. —Matilde, deja de moverte —gruñe Diana, enojada y vuelve a hacerle caras raras a Ethan. Diana se enamoró de Ethan, y hace un par de días me confesó que le hubiera encantado vivir lo mismo con Javier, si solo hubiera sabido querer a su hijo desde el principio. —¡Es que ya no aguanto! ¿Dónde está Nicolás? —exclamo frustrada, y como si lo hubieran llamado, el mencionado entra por la puerta. —Estamos listos, ya podemos irnos —anuncia con alegría. —Si yo fuera tú, hermanito. La dejaba aquí y me iba sola a casa... —murmura Diana en un suspiro. Nicolás ríe y yo la fusilo con la mirada. —No me asusta tu mirada, cuñadita —bromea levantando una ceja.
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