Abro los ojos y entro en pánico. —Mierda, me quede dormida —exclamo medio adormilada, pero luego recuerdo todo. Son las diez de la mañana, y por más que quiera seguir durmiendo, tengo que ponerme mi disfraz de mamá y comenzar mi día. Salgo de mi pieza todavía atontada por el sueño y camino casi como sonámbula hasta la cocina, pero me freno asustada, y despierto por completo cuando escucho ruido desde la cocina. Por mi cabeza pasan un millón de posibilidades, desde la idea de un ratón hasta la de un asesino en serie. Suspiro para sacar el miedo y camino hasta la cocina, y lo que me encuentro efectivamente es un ratón. Un ratón gigante, rubio y con mucha hambre. —Ari ¿qué haces ahí? —pregunto aliviada. Mi pequeña está con casi todo el cuerpo metido adentro de la despensa. —Mami,

