ELENA —M-mamá —tartamudeé. —Te lo estoy preguntando, Elena —dijo ella. —¿Podemos hablar en mi habitación, mamá? Ella levantó la ceja izquierda, confundida. —¿Por qué tenemos que ir dentro? Es mucho mejor que hablemos de este asunto aquí mismo, ahora mismo, con el padre de ese niño —dijo mi madre con seriedad. Contuve el aliento mientras mi pecho latía con fuerza. Temblorosa, enderecé la postura y carraspeé para hablar. —Él no es el padre... —mentí. Quería decirle la verdad, pero no podía soltar la lengua porque Damián estaba con nosotras. Mi madre abrió mucho los ojos y apenas abrió la boca, asombrada. —Entonces, ¿de quién es ese niño? ¿Es ese hombre con el que siempre hablas por teléfono en tu habitación? —me acusó. Me mordí el labio inferior cuando Damián dejó de acariciarme el

