ELENA —¿Le crees? —dijo una voz familiar, histérica. —Mamá, déjame encargarme de esto. Por ahora, déjanos solos, por favor —dijo Damián, cansado. Abrí los ojos lentamente. No sabía cuántas veces me había despertado en el hospital, pero esta era la más aterradora. —Hermana... Miré lentamente en dirección a la voz y vi a mi madre sentada junto a mi cama, con Verónica de pie detrás de ella. Parecía que un ángel había pasado por allí, ya que el silencio llenaba la habitación. Todos estaban atentos al más mínimo movimiento. Me toqué el vientre y cerré los ojos débilmente cuando sentí que el bulto se había reducido. —¿Mi bebé? —sollocé y abrí lentamente los ojos para mirarlas—. ¿Dónde está mi bebé? —pregunté con firmeza y miré fijamente a mi madre. Ella me miró con ternura y me acarició

