ELENA —Hermana —me saludó Verónica con un abrazo al entrar en la habitación que ocupaban. —¿Cómo está mamá? ¿Qué ha dicho el médico? —pregunté y miré a mi madre, que dormía profundamente en la cama del hospital. —Sigue igual, hermana. Tiene que cuidar su dieta y seguir con la medicación —respondió. —¿No hay complicaciones por el infarto? —pregunté sentándome en la silla junto a mi madre y cogiéndole la mano con cuidado. —Por la misericordia de Dios, no hay ninguna —respondió. Suspiré aliviada al oír eso. —Voy a hablar con el médico —dijo Damian, llamando mi atención. Lo miré y asentí con la cabeza. —Gracias, señor —dije con sinceridad. Él también asintió con la cabeza antes de mirar a mi hermana y despedirse con una reverencia. —¿Es tu jefe, hermana? —preguntó Verónica con curio

