Me acosté con la cabeza sobre el regazo de mi padre, quien me acariciaba el cabello con ternura. Su aroma y sentirlo cerca me tranquilizaban; por fin comenzaba a sentir que el sueño me vencía, cuando un olor empalagoso y conocido comenzó a inundar la habitación. —Me dejaste botada en el hospital, ni siquiera me dejaste decirte que había llegado en taxi —comenzó a reclamarle Rose a mi padre, arrancándome de mi sueño. —Rose, Danna necesita descansar. Mañana hablamos todo lo que quieras —zanjó mi padre con un susurro firme. —¿Te vas a quedar a dormir aquí? —la voz de Rose cuando estaba molesta era estridente y chillona. —Ve a tu cuarto a dormir, papá. Yo estaré bien —comencé a levantarme para hacerme a un lado y que mi padre se pudiera parar, pero antes de lograrlo, me detuvo y volvi

