En mi habitación saqué mi celular y lo encendí; tenía como mil notificaciones de Mike, entre llamadas perdidas y mensajes sin leer, y justamente me estaba llamando otra vez. —Danna, por fin me respondes. ¿Estás en tu casa? Estoy afuera, necesitamos hablar. Por favor sal un momento, amor —la voz de Mike sonaba suplicante y desesperada, y era justamente lo que yo necesitaba. —Bajo en un momento —fue lo único que le dije antes de colgar y entrar a mi baño para lavarme la cara. Tenía los ojos aún un poco hinchados, al igual que los labios. Puse una mano sobre el pomo de la puerta para salir de mi habitación y se me ocurrió algo para hacer enfadar más a mi padre: fui hasta mi clóset y saqué una blusita de tirantes de satén color perla con la que resaltaban mucho mis pezones si no usaba so

