Tome una respiración profunda y tragué todas las lagrimas que habían aparecido en mis ojos. Necesitaba calmarme.
Una parte de mi quería creer que solo era el ángulo de la cámara, que no se habían besado; sin embargo no podía evitar pensar lo peor.
Mi corazón latía rápidamente en mi pecho; no quería pasar por el dolor amoroso otra vez, con Jackson ya había sido suficiente.
Sacudí la cabeza y volví a ver la imagen. Okey... necesitaba respirar y pensar en como afrontar esto. No me sentía segura de ir de frente con Rubius, no en este momento, cuando mi cabeza estaba hecha un lío.
Tome aire y frote mis ojos. Necesitaba irme; si, iba a huir, pero si iba hablar con Rubén, necesitaba estar con mi cabeza en frío, y en este momento sabía que todo podía irse a la mierda muy rápido.
Con millones de cosas pasando por mi cabeza, tome una de mis mochilas, guarde ropa, mi cargador y mi billetera.
Salir de la habitación fue todo un acto de valentía. ¿Qué iba a decirle cuando me viera con la mochila?
Suspire y camine hacia el final del pasillo, dejando la mochila allí; necesitaba inventarme algo antes de irme. Sin embargo una voz que no era la de Rubius me llamo la atención; y toda la calma que había intentado conseguir se esfumó como si nunca hubiese llegado a mi. Mi corazón volvió a latir con rapidez y mis manos comenzaron a temblar.
Sacudí mi cabeza y entre a la sala.
Efectivamente, yo tenía razón. Abril se encontraba sentada en el sofá charlando fluidamente con Rubén.
-Oh-dijo Abril mirándome con una sonrisa que claramente no era verdadera-, Laila, no sabía que estabas aquí.
-Yo tampoco sabía que tu ibas a venir.-decidí responderle con la misma sonrisa falsa que ella me mostraba.
Dentro de mi había una sensación que no me gustaba para nada, sin embargo no quería lanzar la bomba con ella aquí.
-Es que no le avisé nada a Rub, solo pasaba por aquí cerca y decidí venir.-su voz era pegajosa, o yo la sentía así porque no la quería cerca de mi novio.
Sin embargo no podía hacer nada, porque era su amiga, y a pesar de la foto, no podía sacar conclusiones por mi misma.
Luego de darle otra falsa sonrisa, decidí mirar a Rubén, quien ya me estaba mirando.
-Em... Abril me preguntaba si podía quedarse a pasar el día, porque el departamento en donde se esta quedando esta con reparaciones.-declaró, y note su voz nerviosa, sin embargo lo deje pasar, la que estaba nerviosa era yo y podía estar imaginando cosas- Pero claro, tu también estas aquí, y la decisión no corre solo por mi cuenta.-explicó regalándome una pequeña sonrisa.
Todo lo que dijo me calentó un poco el corazón, e hizo que la parte que desconfiaba flaqueara; pero no fue suficiente que el malestar que tenía dentro de mi se esfumara.
-No tienes porque preguntarme, es tu casa al fin y al cabo.-respondí con una voz suave; aunque moria por decirle que no, no podía hacer eso.
Note cuando Rubius se dio cuenta que no estaba feliz, sus cejas se levantaron y dejo de sonreír; casi podía leer la pregunta en sus ojos «¿Que te sucede?» . Sin embargo no iba a responder, no con Abril presenciando todo.
-¿Entonces puedo o no puedo Rub?
Rubius me dio una ultima mirada antes de mirar a su amiga.
-Claro.-murmuró, pero sabía que lo dudaba por mi cara.
Y eso era lo ultimo que quería que pasara.
Escuché a Abril hablando, pero yo ya no le prestaba atención; quería irme. Toda la semana me había estado sintiendo mal por inseguridades y palabras no dichas y ahora pasaba esto... necesitaba respirar.
-Yo... me tengo que ir.-murmuré y sin mirarlos camine hacia el pasillo en búsqueda de mi mochila.
No sabía a donde iría, pero necesitaba salir.
-Lai...
Rubén me sorprendió; me había seguido. Nos miramos a los ojos por unos momentos y supe que necesitaba hacerle saber que todo estaba bien.
Pero no lo estaba.
Antes de que dijera nada, él cerro la puerta del pasillo, dándonos «intimidad».
-¿Qué pasa?-pregunté con una voz más aguda de lo normal.
Rubius suspiro y se cruzó de brazos.
-Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿verdad?
Esas palabras me llegaron a lo más profundo, haciendo que las lágrimas que había tragado subieran nuevamente.
Asentí sin poder formular palabra, ya que si decía algo, iba a llorar.
-Bien, entonces ¿por qué no lo haces?-preguntó, pero antes que pudiera contestar él siguió hablando- Mi novia es una persona que siempre va de frente, siempre me dice lo que le gusta, lo que no, lo que le molesta... pero hace ya un buen tiempo que te noto diferente, se que tienes muchas cosas en la cabeza, pero puedes confiar en mi, sabes que siempre te voy a escuchar.-declaró regalándome una pequeña sonrisa.
No podía entender como este hombre frente a mi, tenía la capacidad de ver más allá de lo que yo le mostraba, era como si supiera exactamente lo que necesitaba escuchar.
-Yo... yo...-mi voz se rompió y las lagrimas comenzaron a caer sin que pudiera evitarlo.
Sus brazos me envolvieron casi al instante y cerré los ojos, dejando que toda la tristeza fluyera. Rubén comenzó a acariciar mi cabello y mi espalda, y eso hizo que un pequeño calor de felicidad creciera en mi, haciéndome por un momento olvidar todo lo que estaba cargando.
No se cuanto tiempo estuvimos así, podían haber pasado minutos u horas; no me importaba, todo lo que necesitaba estaba abrazándome. Sin embargo unos golpes en la puerta del pasillo me trajeron a la realidad, haciendo que me separara de los cálidos brazos que hasta hacía un momento eran prácticamente mi hogar.
Me refregué la cara rápidamente, tratando de borrar todo rastro de lagrimas; pero sabía que eso era imposible, de seguro mi cara parecía un tomate, con mi nariz roja y mis ojos hinchados.
-¿Rub? Me aburro.-se escuchó del otro lado.
Rubius soltó un suspiro y refregó su cara.
-Lo siento.-murmuró mirándome- Yo se que teníamos que hablar...-soltó una risa sin gracia- soy un imbécil... hace toda la mañana me vienes diciendo que quieres hablar conmigo; lamento haberle dicho que si a Abril.-murmuró.
Mi cerebro no podía procesar ningunas de sus palabras ya que había recordado algo y había activado todas mis dudas nuevamente. Mi ceño se frunció y lo mire fijamente.
-¿Por qué lo sientes?-pregunté, sintiendo como el enojo que intentaba retener comenzaba a desbordar.
-Porque le dije a Abril que se quedara cuando...
-Eso no-mascullé con brusquedad, haciendo que me mirara sorprendido por mi cambio repentino de actitud-, anoche, cuando llegaste, me pediste perdón... ¿por qué?
Rubén empalideció.
-¿Estabas despierta?-pregunto en un hilo de voz.
-Si, claro que estaba despierta, y tu estabas borracho.
Sus ojos no podían abrirse más; lo había agarrado con la guardia baja.
-Yo...
Antes de que pudiera responder, su amiga volvió a tocar la puerta, pero esta vez la abrió luego de hacerlo.
-Lamento la interrupción, pero tu teléfono estaba sonando.-declaro la amiga de Rubén tendiéndole el móvil.
Supe que ese era mi momento para escapar. Me agache un poco y levante mi mochila, colgándola en uno de mis hombros.
-Me voy.-susurre y sin esperar nada más me fui.
Nadie me detuvo.
Pero a lo mejor esa no fue la mejor decisión.