El príncipe vio a la persona sentado de espaldas a él, con la espalda recta y las manos jugueteando con un dedo como si contara los segundos sobre el regazo del sillón. Se obligó a reaccionar con toda la fuerza de su voluntad para poder mover sus músculos y caminar como si nada pasar. Sin embargo; era un intento inútil el disimular su sorpresa cuando se podía oler en el aire. Cerró la puerta detrás de él entrando con paso decidido. A esa altura de su vida y con lo que había vivido en el mundo humano daba igual comenzar a sufrir las consecuencias por sus actos. — Veo que al fin te has dignado a regresar —Dijo la voz severa al escuchar la puerta cerrarse. — No tengo porque dar explicaciones de a dónde voy —dijo Killian siguiendo su paso e ignorando a su visita, yendo directo al ventana

