Capítulo 9.-
Dex DeCostello
Puerto Vallarta, Jalisco, México
Me di cuenta esa primera noche en el departamento, que lo que tenía Valeria de hermosa, también lo tenía de berrinchuda y de intolerante, pero conmigo no se iba a salir con la suya, si lo que quería era estar peleando, pues yo soy la persona más relajada del mundo, con la que nunca va a discutir, ni a pelear, ni a tener problemas. Ya que ella, no me quiso desocupar la cama, lo hice yo mismo y recorrí todas las cosas que ella, tenía regadas, por el que ahora sería mi cuarto en una esquina. Ella, me veía recoger todo, sonriendo coqueta, desde la puerta de mi recámara.
— ¿Lo ves? Qué te costaba Dexter — Parecía estarse burlando de mí — Ese es el defecto de todos los hombres, quieren que las mujeres les estemos recogiendo todo y bien que pueden ustedes, por eso Dios les dio sus dos manitas.
No tenía por qué venir a dárselas de muy razonable, si ella era la que había provocado todo ese desorden, debería darle vergüenza, tener tanto montonero el departamento, pues yo pienso que el orden comienza por la casa y así debía tener su cabeza, toda desordenada, pero no me gusta juzgar a las personas cada quien tiene sus problemas.
—No me costaba nada, pero me pareció muy descortés de tu parte que no quisieras recoger las cosas, no es solo tu departamento y de no haber sido yo quién llegó a habitarlo contigo, hubiera sido otra persona — Le dije muy convencido — Así que, bueno, ya me instalé.
Me recosté en la cama, con la ropa puesta y me di cuenta, que ella ya se había puesto otra ropa, ya no llevaba puesta solamente la ropa interior o no me puedo imaginar, lo que podía pasar. La vi mejor, estando así en el departamento, era una belleza exótica, nunca antes me había sentido atraído por una chica morena y ella, me tenía loco. Era dueña de un cuerpo de infarto, de una melena rebelde, de unos ojos que encerraban muchos misterios, que yo quería descubrir y de una sonrisa hermosa, además era un poco más bajita de estatura que yo y eso me gustaba, la podía hacer a mi antojo en la cama, pensé.
—Bien, espero que no sea por mucho tiempo que vayas a estar aquí — Me dijo — Pues, no estoy acostumbrada a tener compañero de departamento.
Pero eso ya no dependía de ella, los departamentos estaban pensados para dos personas, y yo me sentía a gusto estando con ella, pero no la iba a obligar, primero tendría que hablarlo con Silvana, para que me buscara un nuevo lugar, así tendría el trabajo más cerca del lugar donde iba a vivir.
—Conmigo te vas a acostumbrar y pronto, te vas a dar cuenta de que no puedes vivir sin mí — Me jacté — Tengo todo lo que una mujer necesita, físico, atractivo, soy un buen conversador, sé cocinar y hacer labores domésticas. En serio Val, estás en la gloria.
Nos habían enseñado a ser muy productivos en el hogar, mis hermanos y yo tuvimos una enseñanza muy bonita y si algún día salíamos de casa, como fue mi caso, ya nos sabíamos defender, por eso no nos íbamos a quedar parados, sabíamos cómo defendernos afuera.
—Valeria, por favor — Me pidió — No me gusta, que me digan Val.
Estaba bien, no la iba a molestar con eso, si quería que la llamara por su nombre completo sin usar diminutivo, no íbamos a pelear por eso en particular, pero había una solución, aquí en esto si íbamos a coincidir, pero a la inversa, ella no le gustaba el diminutivo de su nombre y a mí me encantaba el diminutivo del mío.
—Hagamos un trato, entonces seremos a partir de ahora Valeria y Dex, pues yo detesto que me digan Dexter, así me dijo mi padre con quién me pelee.
—El niño llora por haber peleado con sus progenitores — Se reía de mí — Dex, está bien. Así te voy a decir, pues la verdad si está feo lo de Dexter.
Ella pensaba que me iba a hacer enojar o algo, pero, todo lo contrario, lo que dijo que el nombre de Dexter es feo, es cierto. A mi hermano gemelo, en ese sentido, le fue mejor, pero yo, por ser el que nació al último de los dos, fui el que cargó con esto de Dex, lo cierto era que eso, dicho por ella sobre mi nombre, rompió un poco el hielo entre nosotros y nos reímos mucho. Era la primera mujer, que se atrevía a decirme, que mi nombre estaba feo y pronto sería, la primera mujer mexicana que se rendiría a mis encantos.
—Ya que sabes cocinar, Dex, ¿entre tus encantos no estaría preparar una buena cena para tu compañera de departamento? — Me lanzó una pregunta indirecta — Pensaba en pedir comida, pero a este paso no llegaré a la quincena.
En estos momentos no sabía si en el departamento se contaba con los ingredientes para preparar una cena digna, además yo todavía no aportaba nada a la despensa, así que mejor haríamos algo diferente, así tendríamos nuestra primera salida juntos.
—Salgamos, solo por hoy — Le propuse — Yo te invito, es que me siento mal por haber llegado a incomodarte, se ve que llevas mucho sola en el departamento y si te molesto tanto, si quieres le digo a Silvana mañana, que me puedo ir a casa de Luis, para que no tengamos problemas.
Creo haber escuchado que se trataba del último departamento que tenía una habitación disponible, la verdad no la quería incomodar, podría regresar a la casa de Luis, sus padres estarían encantados, ya que no les había causado ningún problema los días que estuve en su casa.
—No te vayas, Dex — Me tomó del brazo y todos los bellos de mi cuerpo reaccionaron ante su toque — Digo, no es que quiera que te quedes tampoco, pero no quiero tener problemas con Alan por esto y sé que él, le dijo a Silvana que te instalara conmigo.
—Ese viejito me cayó muy bien — Dije de Alan — Pero, está bien viejo como mi padre y además no me gustó, como te trató cuando te pidió arreglarle la camisa al animador.
—No pasa nada, él siempre es así — Ella se desanimó un poco — Me vale como me trate, mientras que pueda hacer que él un día se fije en mí.
No podía creer que ella, se estuviera desahogando conmigo, eso era muy raro viniendo de ella, después de decirme que no me quería en el departamento, pero yo no era grosero y escucharía todo lo que me quisiera contar. Estaba por decir algo y en ese momento, mi celular sonó, siendo la mujer más bella de mi vida, la que me estaba llamando por una video llamada.
—Dex, mi amor — Dijo apenas le respondí — Precioso, me tienes con el alma en un hilo ¿A dónde te has ido? No debiste hacer eso, Dex. Estoy muy preocupada por ti.