Aquel día se hizo una pesadilla para el cuando esa mañana le llevasen esa bandeja como la preparaba su esposa eso lo molesto mucho, que llego a la empresa sin comer nada. Llevaba viviendo unos días terrible con el fallecimiento de su esposa, real eso era cierto pero aun le dolía su partida y más que llevaba un hijo de meses en su vientre. Al menos, no había ninguna fotografía que lo hiciera recordar ese fatídico día. Él habían sido personajes muy populares para la prensa, pero su vida familiar había quedado completamente al descubierto para los periodista. Andrey miraba por el ventanal de su oficina recordando todo aquello que había pasado. Cuando Iván entra sin ser sentido a la oficina.
— ¡Andrey!.
Él voltio la cabeza. Sus ojos no expresaban emoción alguna. Durante un segundo, no pudo recordar quien lo llamaba, porque estaba sumido en sus pensamientos.
— Iván que pasa. —dijo por fin. El no pareció darse cuenta del tiempo que él tardó en responder.
— Todo el mundo se ha ido Andrey que pasa otra vez, los recuerdos. —dijo mientras se acercaba a él.
— Vamos Andrey la vida sigue. Tienes que recobrar la compostura, dejar de pensar tanto.
Todo lo que Iván le decía tenía sentido, pero algo, un mecanismo importante entre su cerebro y sus sentimientos, había saltado. Muchos dirían que él no tenía sentimientos, al menos no sentimientos reales. Sin embargo, estaba surgiendo en él algo que su cerebro no iba a ser capaz de controlar. Algo que tenía su origen y eso era la bandeja de esa mañana.
— Iván quien preparo el desayuno esta mañana.
— La misma persona que te lo hace porque la pregunta.
— Por nada.
Q Me entere que lo tiraste al suelo.
— Vaya en casa no puedo guardar secretos.
— Bueno sabes que somos poco lo que estamos en la mansión.
— Si pocos, y con una nueva intrusa.
— Esa intrusa tiene nombre Andrey, como tú.
— ¿Y de donde diablos salio esa mocosa?.
— Vaya que hoy amaneciste de mal humor, como siempre.
— No me interesa lo que me digas, puedo hacerte otra pregunta sin criticar o decirme nada.
— Tu eres el jefe.
— Dime en serio quien me llevo la bandeja al cuarto.
— Esta bien Andrey fue la muchacha que te llevo el desayuno, ella misma se ofreció a arreglar la bandeja y si hace lo mismo que hacía la señora.
El no presto mucha atención a eso, porque se iba ha deshacer de la mocosa esa misma noche, no soportaría tener que ver las cosa que ella hacía en su casa. Le tenía rabia algo en ella se lo producía ni siquiera la había conocido aun, solo la miraba de lejos como una sombra al asecho.
— Le has dicho a Encarnación que quiero hablar con ella hoy.
— Si señor ella sabe que usted quiere hablar con ella.
— Bueno entonces vamos a casa, no tengo más nada que hacer aquí.
El despacho era bastante austero. Tenía una alfombra negra, persianas color marfil en las ventanas, una gran mesa de roble con una silla de cuero negras y dos sillas delante. A Branyelith le parecía una habitación cómoda y tranquila. Los cuadros de las paredes representaban las cosas que había hecho aquel tal Andrey Románov. Ese hombre tenía mucho dinero, más de lo que ella podía imaginar, una flota pesquera. Había fotos enmarcadas de paisajes marinos con barcos sacando redes llenas, con bandadas de gaviotas sobrevolándolas. Eran una fotos hermosas, solo observaba todo a su alrededor.
Lo cierto era que a ella le producía curiosidad saber de dónde provenía todas aquella cosas, hasta que se acerco al escritorio y se sentó en el sillón de cuero, y de pronto sintió un cansancio que se quedo dormida en ese momento. Después de una hora, alguien entro en el estudio, ella estaba tan dormida que no se había dado cuenta que era Andrey, este encendió la luz del estudio y la vio a ella, en su sillón y dormida profundamente que volvió a pagarla. Y se acerco a ella y la miraba con curiosidad, si tan solo era una criatura, pero muy hermosa.
Desde ese día que su madrina le había dicho que tuviera mucho cuidado. Que no tropezarse con Andrey por ningún lugar de la casa, ya que estaba muy molesto porque ella no le había dicho nada de ella. Aunque, ella si era muy sincera, no le importaba que se lo consiguiera. Además tenía curiosidad de saber como era el. En ese momento que ella se movía y estaba apunto abrir los ojos, Andrey salio del estudio inmediatamente, dejándola a solas.
Dos horas y quince minutos sentada detrás del escritorio en la misma posición y cómodo sillón ella se levanto, ella pensaba que estaba en cama acostada y se dio cuenta que estaba en el estudio y frió en una cuidad donde todo estaba frío como allí.
— Déjame hablar con ella Andrey.
— Te dije que no la quería cerca de mi. —le gritó Andrey a encarnación.
— Estoy segura que no volverá a pasar Andrey, yo volveré a hablar con ella.
— No la quiero en el estudio en los lugares que yo me la pase.
— Lo comprendo Andrey, no te preocupes ella entenderá.
— Y también no quiero que me lleve el desayuno a mi habitación, no quiero verla entiendes Encarnación eso.
— Eso fue un error esta mañana yo no estaba en casa, y no se preocupe eso tampoco va a pasar más.
— Eso espero Encarnación, no quiero cerca a esa niña mocosa.
— Esta bien lo siento mucho Andrey y voy por ella.
— Esta bien Encarnación y esta en el estudio durmiendo en mi sillón, habla con ella porque no se que va hacer si la hecho de aquí.
Encarnación se asusto y se preocupo por ella, y le dijo a Andrey algo.
— Ella no tiene familia Andrey, sus padres murieron y estuvo en un internado de monjas por mucho tiempo.
— No me interesa su vida, no soy…
— Cálmate Andrey esa joven no tiene culpa de todo lo que te ha pasado, ella es una joven muy agradable y dulce.
En ese momento Iván le levanto la voz al escuchar lo que le iba a decir.
— Te vas a meter tu también en esto Iván.
— Si y lo hago por la pequeña que no tiene nada que ver con toda tu amargura. Y anda Encarnación a la cocina que Branyelith esta allí esperándote.
Andrey miro a Encarnación y le dice.
— Ya sabes no quiero a esa pequeña cerca de mi.
— Ya… Señor comprendo.
Iván cuando agarra a Andrey por un hombro y lo mete a la habitación.
— No puedo creer que te portes como un déspota con Encarnación, si lleva trabajando años contigo.
— Yo lo único que quiero que esa mocosa no este en ningún lado.
— Pues Andrey si o no quieras ella vivirá aquí, porque no tiene familia esta sola, así como tu no tiene a nadie, ella solo tiene a su madrina, así que comportarte deja de ser un mal humorado.
—Muy bien, Iván. Tus deseos son órdenes para mí, pero no la quiero cerca de mi.
Andrey Románov se había convertido en un ogro, parecía a la bestia en el cuento de La Bella y La Bestia, pero esta era la vida real de él.