La sola idea de perder a Thomas le resultaba devastadora. Se había presionado a sí misma para terminar con él, pero esos días en los que no lo había visto la estaban destrozando por dentro. Lo necesitaba más de lo que quería aceptar; para ella, se había vuelto una necesidad. Lo amaba con toda su alma, por más que quisiera repetirse a sí misma que lo suyo no funcionaría. —Lo amo demasiado y no quiero perderlo. No quiero, pero ¿Y si él no puede perdonarme?— decía con las lágrimas a flor de piel. Clarisa la miraba con infinita ternura mientras le acariciaba el cabello. —Su amor es lo único que necesitan. Y, por supuesto, él entenderá lo que te está pasando. Pero tienes que abrirle tu corazón, no le ocultes las cosas. Mi hijo es el hombre más comprensivo del mundo, pero también le gusta la

