El amor se asoma

1130 Words
Aranza escuchaba estupefacta las palabras de Thomas, no podía creer que la fachada de su boda perfecta se estuviese derrumbando y que no pudiera hacer nada para evitarlo. —No, esto no puede ser posible, seguro debes estar molesto por algo, y por eso me estás diciendo todo esto— decía ella todavía sin poder salir del shock en el que se encontraba. Él tomó las manos de Aranza con firmeza, mirándola a los ojos con seriedad. —No me puedo casar por conveniencia, Aranza, ni tú ni yo nos merecemos esto, mereces a alguien que te ame, eres una mujer hermosa, y yo también quiero casarme por amor, lo siento, no puedo seguir con esto— Confirmó el CEO dándole un golpe a su orgullo herido. Ella se aferró a sus brazos, intentando convencerlo de qué lo que estaba haciendo era un completo disparate. —Thomas, tú no me puedes estar haciendo esto. ¿Qué pasa con nuestros planes? ¿Qué van a decir nuestras familias? Por favor, recapacita, imploró ella con lágrimas en los ojos. Al verla en ese estado, tomas sintió una punzada de culpabilidad, pero no podía dar marcha atrás, pues sabía que si lo hiciera sería un grave error del cual podía arrepentirse Después. —Lo lamento, Aranza, pero estoy haciendo lo mejor para los dos, ahora no lo entiendes, pero sé que después me lo vas a agradecer – concluyó con determinación. —Te vas a arrepentir por esta humillación, te va a pesar haberme dejado – sentenció la mujer fuera de control. Él trataba de consolarla, de hacerla entrar en razón, pero ella continuaba exaltada, sus palabras eran como cuchillos afilados en el aire dispuestos a causar el mayor de los daños, hasta que dejó salir todo el coraje que estaba experimentando y le cruzó el rostro con una bofetada que resonó en la habitación. El gesto de Thomas era indescifrable, no sabía qué decir ni qué hacer para que ella se sintiera mejor, Aranza lo miraba con ojos llenos de odio, experimentando las más terribles sensaciones hacia él. La tensión se podía sentir en el aire, era como cuchillas afiladas que atravesaban su alma. —Lo siento – susurró Thomas tratando de aliviar la tensión del momento. Él trató de acercarse, pero ella lo apartó con brusquedad mientras lo miraba con una mezcla de furia y dolor. —No quería que las cosas terminaran así— le dijo. —Ya es demasiado tarde para tus disculpas, nada podrá cambiar lo que has hecho— contestó. La modelo le dio una última mirada, la cual expresaba mucho más que cualquier palabra que pudiera decirle, se dio la vuelta y se marchó, dando un portazo tras de sí. El sonido se escuchó por toda la habitación, dejando a Thomas en un absoluto silencio, sabía que nada de lo que pudiera hacer repararía el daño que le había causado a Aranza, no obstante, era un mal necesario que les permitiría a ambos comenzar de nuevo y continuar adelante con sus vidas. Rose no ha podido dejar de pensar en los besos de Thomas. Si en el pasado él le había despertado sensaciones descomunales, ahora los sentimientos se habían incrementado mucho más, estaba sumida en la desesperación, se sentía culpable, pero a la vez estaba sumergida en un terrible vacío, ya que sabía que nunca podría aspirar a tener el corazón de ese hombre tan maravilloso. Estaba absorta en sus pensamientos cuando su pequeño hijo le abrazó las piernas, y la miró con sus ojitos llenos de inocencia. —¿Qué tienes,mami? ¿Todavía estás enferma?— Preguntaba el pequeño con mucho interés. La dulce voz del pequeño resonaba en la mente de Rose, recordándole que tenía que ser fuerte por el bien de su hijo. —Claro que no, mi cielo, mami ya está mucho mejor, ¿qué te parece si jugamos un rato?— Le propuso la dulce chica, tomándolo en sus brazos y llenándolo de besos. Así continuaron por largo rato, jugando y divirtiéndose como hacía tanto tiempo no lo hacían, habían pasado por cosas tan terribles desde el abandono del papá de Elian y el desalojo de la pequeña habitación donde después fueron a vivir que el hecho de poder disfrutar de momentos como esos, definitivamente era un bálsamo a su atormentado corazón. —Veamos si puedes atraparme— gritaba el pequeño, visiblemente emocionado. —Claro que te atraparé, porque aunque tú seas un superhéroe, acuérdate que yo también tengo superpoderes— contestó ella entre risas. —Eso es cierto, amigo, tu mamá es como la Mujer Maravilla – dijo de repente Thomas sorprendiéndolos a ambos. El corazón de Rose dio un vuelco, y se sobresaltó al escuchar la voz de Thomas, inevitablemente sus ojos se cruzaron en una mirada intensa que los envolvió. Así se quedaron por algunos segundos, siendo interrumpidos por las risas espontáneas de Elian. —Necesitamos hablar, Rose, hay algo importante que tengo que decirte— le anunció un tanto nervioso. Miles de pensamientos pasaron por la mente de la joven, la ponía muy nerviosa estar a solas con Thomas, pues el beso que se habían dado en la mañana, aún seguía muy presente tanto en su mente como en su piel. Lo más seguro era que él quisiera disculparse, así que ella le evitaría pasar por ese rato incómodo. —Sé perfectamente de lo que quieres hablar, tomas, y créeme, no es necesario, sé que se trató de una equivocación, algo que nunca debió pasar, no te preocupes, lo tengo perfectamente claro— trató de justificarlo. El CEO llamó a Sally para pedirle que se quedara con el pequeño por un momento, argumentando que Rose y él debían tratar asuntos referentes a la indemnización. No quería que nadie se hiciera una opinión equivocada de la joven, y mucho menos por su culpa. Cuando se quedaron a solas, el corazón de Rose empezó a latir desenfrenadamente. La presencia de ese hombre la perturbaba mucho más de lo que ella quería aceptar. Y por supuesto que todos sus sentidos se dispararon cuando él se acercó, tomando sus manos entre las suyas y mirándola directamente a los ojos con intensidad. —No he podido dejar de pensar en el beso que nos dimos – musitó él con la voz entrecortada por la emoción. Al escuchar las palabras de Thomas, una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de Rose, disparándose por todas sus terminaciones nerviosas. —Esto no es correcto, Thomas, tú eres un hombre comprometido y estás a punto de casarte— replicó ella. Él se acercó aún más, reduciendo al mínimo la distancia entre los dos. —Acabo de romper mi compromiso con Aranza— Le anunció, causando una gran sorpresa en la joven que lo miró de manera desmesurada.
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