La Sra. Lee finalmente cedió cuando escuchó a su jefe. "Está bien, iré a la cocina a traer un poco de salsa picante", dijo. Natalie miró a su esposo con agradecimiento y en sus labios se dibujó una sonrisa, pura y encantadora. No por nada estaba profundamente arraigada en los recuerdos de Tobias. La mucama sacó un frasco de salsa picante que ella misma había preparado con un poco de pimienta, aceite de sésamo y otras especias. La mujer sacó una enorme cucharada de salsa picante, la cual al ser aromática y picante, elevaba el sabor de la comida, y la puso en su plato. Al probarlo, no pudo evitar gritar de alegría. Estaba ansiosa por tomar otra cucharada, mas, Tobias tomó su muñeca tan pronto ella alargó su brazo. "Deja de comer demasiado picante, no es bueno para el niño

