—¿Margaret? —Daniel dice mi nombre como extrañado. —¿Sí? —contesto entre aquí y allá. Ni siquiera le estoy viendo, mi mirada está perdida en un punto inexistente en medio de los botones del elevador. Estoy perdida tratando de encontrarle sentido a todo lo que me ha pasado en estos últimos dos días. El placentero dolor que siento entre las piernas con cada movimiento es fiel recordatorio de la noche alucinante que pasé, pero también, aumenta el martirio de emociones que llevo por dentro. La incertidumbre de no saber qué seguirá después de esto. ¿Cómo va a ser nuestra relación laboral? Porque Daniel ES MI JEFE; ¡Maldición! Sabía que no debía seguirle la corriente a Demmi. Debí convencer a Nat para que estuviera de mi parte en esto. —¿Margaret? —me llama de nuevo. Dirijo mi mirada hacia

