¿Le gustaba ella a su jefe? Hasta preguntárselo le parecía una locura. Virgen santísima, era el director de una de las empresas más importantes del país. ¿Y si su intención era aprovecharse de su posición y así tener sexo con su incauta y necesitada empleada? Debía tener cuidado. Mucho cuidado. Hizo un esfuerzo por esquivar sus ojos y mantuvo la cabeza en dirección a la ventanilla, pero, igual que si estuviera hechizada, se giró otra vez y ahí estaban, como el color del océano Atlántico, pendientes de ella. ¿Es que nunca miraba por dónde conducía? —Llegaremos en unos minutos a Hämeenlinna y almorzaremos ahí. —Le regaló una dulce sonrisa—. ¿Qué te gustaría comer? Kaisa, que iba al lado de Mika, se enderezó de pronto. —Me apetece comida nepalesa. Sí, ya sé que no me lo has preguntado

