Doce de la noche. Gilberto llegando ebrio, atravesando la puerta con una enorme sonrisa. Se tambaleaba de izquierda a derecha mientras que soltaba leves risas, no dije nada al respecto, me miro y me sonrió. — Hola preciosa.- canturrea sentandose a mi izquierda, era curioso, pero una de las cosas que nunca me hubiera esperado era que el llegará de esta forma, o a esta hora. — Gilberto.-salude, sin apartar por nada del mundo mi mirada de mi celular, note como tocaba un par de veces mi hombro, a lo que le mire. — ¿Por qué pareces estar molesta?-pregunta frunciendo las cejas, alce las mías y le di una leve y casi inexistente sonrisa.— Estas celosa. — ¿Por ti?- me burle levantándome, alce las cejas y solte una risa sin gracia.— No tienes tanta suerte. — ¿A donde vas?- indaga levantandose

