Alicia Holmes
Desde que Mauricio se encerró en su despacho escuché mucho ruido, vidrios rotos, golpes, gritos de frustración, estaba asustada, preocupada por lo que ya había vivido antes en el aeropuerto y ahora al verlo tan tan destruido, tan desencajado; sé que mantuvo su postura hasta dejarme sana y salva a casa, pero mi marido estaba mal, lo sentía.
Si es cierto que su padre hizo eso debe estar devastado, es su sangre quien lo atacó a muerte, a mí y a nuestro hijo. Esta debe ser una locura, después de una semana increíble en paris, esto ¡Por Dios! ¿Quién le hace eso su propio hijo?
Bajo la guía de Tere subí a mi habitación, luego las chicas me llevaron un té para relajarme, pasé horas y horas dando vueltas en la habitación caminando de un lado para otro y Tere con el rezo en la boca, cosa que me ponía más nerviosa; finalmente escucho el ruido de los autos y a todos los hombres de confianza de mi marido subirse al carro, se marcharon a una velocidad de la propiedad y entonces no pude aguantar más el llanto, ¿A dónde iría, porque se fue de la casa a esta hora? ¡Dios mío! que no vaya a hacer nada, una locura. Que dios me lo traiga sano y salvo, sin poder contenerme ahora fui yo quien empezó a rezar.
Decidí tomar una ducha, lo hice, Tere me dejó sola, peiné mi cabello y miento se digo que la ducha me relajó porque no es así.
Cuando por fin intento quedarme dormida los toques en mi puerta me hacen sobresaltar, salgo de la cama y voy corriendo a ver quién es; es mi esposo, dos de sus hombres lo traen entre ellos, estoy sorprendida por la forma en que viene, me hago a un lado para dejarlos pasar.
— Por favor déjenlo aquí. — Corro hacia la cama, acomodo a su lado, pero lo veo tan, pero tan golpeado que me dan ganas de darle otro golpe, ¿Qué fue lo que salió hacer? — Gracias muchachos, buenas noches. — -Suspiro cansada. Me acercó a él y empiezo a quitar su ropa, botón por botón de su camisa, al terminar veo los morados en su estómago tiene muchos morados.
Huele a trago, frunzo el ceño al sentir el olor tan fuerte a licor y tabaco.
— Nena, tócame. — Me pide con voz ronca y sexy, pero no. Golpeó su hombro con fuerza, él gime de dolor y me alejo para ir por un botiquín, su labio y pómulo estan rotos, debo curarlo y limpiar toda esa sangre, poner algo para sus golpes, es un desalmado, ojalá no haya echo o matado a alguien. Traigo también un poquito de agua tibia y empiezo a limpiarlo terminó por quitar su camisa él me ayudó un poco, levantando su cuerpo aunque retorciéndose de dolor, luego limpio su rostro. — Amor, detente. — Me toma de la mano. — Quiero bañarme...
— ¿Puedes moverte, te trajeron dos enormes hombres. — Asiente. — Bien, voy a preparar la tina. — Entro al baño, abro la regadera y empiezo a poner esencias relajantes en el agua, me concentro tanto haciendo eso e incluso me agacho para revolver un poco el agua, una súper enorme sombra veo en la pared y me volteo, me giro a un agachada solo para encontrarme con el enorme palo de mi hombre, ¿Qué hace? Casi golpea mi cara ¿Cómo puede ponerse detrás de mí así? se ha quitado la ropa y está desnudo, ¡Dios no puedo pecar! ¿Cómo podría follarme con lo golpeado que está? ¿Y lo que es peor cómo puede estar erecto?
— Deja de ser tan pervertida. — Me dice y justo ahí me doy cuenta que no he dejado de mirar su longitud, sacudo mi cabeza y me levanto. Acaricia mis mejillas y sonríe. Debo estar hiper sonrojada. Lo ayudó a entrar, voy por una esponja y empiezo a frotar suave sobre su piel, él ha cerrado los ojos y a recostado su cabeza, sonrió complacida y sigo lavando su cuerpo, es tan guapo y sexy que todo de él provoca, es imposible no mirarla y pensar en puras cosas obscenas, los tatuajes en su cuerpo, su tonificada piel, su abdomen marcado, su perfecto rostro tallado por los dioses, su boca, sus oj... — Siento como tú mirada me cala los huesos, ¿Quieres que te folle? Puedo sacar un poco más de fuerza para atender a mi mujer y darle tan duro que mañana no pueda caminar. — Trago grueso ante lo ronco de su tono y lo ardiente de sus palabras, estoy erizada y mojada. — ¿Quieres? — Pregunta y asiento. ¡Ohh! Sacudo mi cabeza otra vez y él ríe. Mi marido me mira directo a los ojos y tras de que me lava el cerebro, me hipnotiza. Mi cuerpo se mueve a su ritmo. — Ven. — Ordena y el agua empieza a moverse, sigo el movimiento desde su hombro hasta su... se esta agitando la polla. Estoy vestida con un honjunto de pijama short-blusa de tirantes, dudo en si seguir a mis instintos o actuar bajo la razón y es no follar con un hombre golpeado. Él me mira decidido, esperando a que yo batalle con mi mente, batalla que pierdo olímpicamente, me levanto, dejo caer mis short y luego quito mi blusa, su sonrisa es entre burlona y sexy, una media sonrisa de medio lado, este hombre es pecado, el diablo.
Meto mis pies dentro de la tina, uno a cada lado de él, me agacho, me arrodillo justo donde nuestras intimidades hacen contacto, él me toma del antebrazo y me jala, me besa, me acaricia el cabello que está amarrado por una coleta, lo suelta, lo despeina, le sonrío. Con una mano sigue tocando mi cabello y con la otra toca mi cadera; no dice nada, no hace más que mirarme y sonreír. Sonríe bonito saben, normalmente no lo hace, siempre está en posición de ataque súper serio, pero conmigo es diferente.
Desde hace unos meses atrás es diferente y está más relajado conmigo, confía más en mí, nos integramos mas y conversamos mucho más. Desde que fuimos a París nuestra relación está mejorando y me encanta. Mi panza ya se ve, ya se nota y aúnque aun no sabemos qué sexo e, cuando lo sepamos estoy segura de que él estará súper orgulloso y feliz tanto como yo.
Bajo mi cadera súper suave hasta tenerlo todo adentro, un gemido sale de mi boca cuando me siento completamente llena ¡Dios esta polla!
Me toma de las caderas y me ayuda a marcar los movimientos arriba y abajo, en circular, luego se recuesta y cierra los ojos mientras disfruta del placer que le da estar dentro de mí. Pongo ambas manos sobre su pecho y empiezo a moverme, al principio lento y luego más fuerte... escuchó sus gemidos. ¡Qué rico! me excita más, me prende más, me muevo más fuerte a medida que lo escucho gemir, se aferra a mis pechos y yo de sus brazos, cambio el movimiento a saltitos sobre su polla. Echo mi cabeza hacia atrás y me sostengo fuerte... el dolor que me causa que apriete con fuerza mis pechos sensibles y la sensación calientita que me ocasiona su semilla al entrar en mí hace que mi orgasmo llegue inmediatamente seguido del de él. Respiro agitada y dejo reposar mi cabeza en su hombro.
— Listo, ahora sí puedes bañarme... — Me río y golpeó su hombro. Acto seguido terminamos de bañarnos me cambio lo ayudo a poner sus boxer ya que no puede agacharse, le duelen las costillas. Caminamos hasta la cama a pasito lento, pongo pomadas en su cara, en su labios y en su abdomen. Me dice que le coloque una venda y lo hago. Mi curiosidad es más grande y no evito preguntarle qué fue lo que pasó. — Subí al ring de boxeo con Dante y Lucían. Mañana les descuento de sus sueldos el pago por el servicio medico personalizado que me está dando mi hermosa mujer.
— Estás muy chistoso. — Reímos.
— Estoy relajado, nena. En los próximos días va a correr sangre, — Se pone serio y se me eriza la piel. — le di suficiente tiempo a mi padre para prepararse y enfrentarme. La hora llegó y te quiero despierta, Alicia, no confíes en nadie, quiero saber todo todo el tiempo. Mantente alerta, no se si atacará por ese ángulo, pero tuvo tiempo quizás de corromper a alguien de mi lado. Mi prioridad eres tú, mi hijo y mi madre. ¿Entiendes? — Asiento. — Bien, ahora termina eso y acuéstate a mi lado... No pregunto nada más, hago todo lo que me pide, me acuesto a su lado en silencio, pero en mi cabeza está hecha un lío. Otra vez problemas, mi bebé y todo mi embarazo parece que será así, ni tiempo nos ha dado de ir al médico; se supone que iríamos a conocer el sexo de nuestro bebé luego de volver del viaje. Pero bueno, mientras él está haciendo sus cosas yo daré un par de órdenes, no quiero que me cuide, quiero que se enfoque en su venganza. Lo que sea que él haga y decida lo apoyaré, pero yo también debo hacer algo para ocuparme y no vivir en la zozobra en la que vivo; así que mandaré a traer a la médico, justo esa que nos acompañó la primera vez, estoy segura de que puede mudarse o lo que sea para estar pendiente de nosotros. Yo no me quiero quedar con la duda de saber qué sexo es mi bebé así que a partir de mañana esa será mi tarea, mover todo ese equipo médico y acondicionar una habitación para mi propio beneficio.
También pienso en qué debo seguir entrenando, la casa tiene un buen gimnasio y quizás ese sea lugar suficiente para yo volver a entrenar; el entrenamiento físico, aprender a usar un arma y todo lo demás me dotó de carácter, me siento diferente y creo que mi esposo está orgulloso de eso aunque no me lo dice, debo protegerlo a él, proteger a mi hijo, pues ellos son ahora lo más importante y lo unico que tengo, nadie. Nadie va a alejarme de Mauricio ni de mi bebé, nisiquiera su abuelo y todas las influencias esas que dice tener. Estos líos de familia son una mierda.
Por mi parte no he vuelto a saber nada de Graciela y espero que se mantenga en su lugar, ella antes colaboró con el con el papá de mi esposo para quitarme la empresa y usarla para lavar dinero, pero desde que Mauricio recuperó la empresa y la sacamos de la casa de mi padre, mi herencia. No hemos vuelto a saber de ella y espero siga así, en su lado, sino va a saber de mí, va a saber de mí porque ya no soy la misma de antes, esa niñita débil a la que ella crió a base de mentiras y engaño, creo que lo único bueno que ella me ha dado ha sido haberme hecho firmar ese contrato de matrimonio.
-Me aferro a mi hombre, pegándome más a él.
— Ya deja de pensar tanto... duerme. — Sonrió y asiento.