Alicia Holmes
Despierto temprano, sintiéndome revitalizada y llena de energía para enfrentar el día. Me levanto con cuidado para no despertar a Mauricio, quien sigue durmiendo plácidamente. Mientras me preparo para el día, mi mente está llena de pensamientos sobre mis planes de entrenamiento y las tareas que tengo por delante.
Decido comenzar mi día con una sesión de entrenamiento temprana. Salgo al jardín de nuestra villa italiana, donde hemos preparado un área adecuada para mi rutina de ejercicios. El aire fresco y el suave murmullo de la naturaleza me llenan de vitalidad mientras me preparo para comenzar.
Con determinación en mi corazón, inicio mi rutina de ejercicios, enfocándome en fortalecer mi cuerpo y mi mente. Cada movimiento es deliberado y preciso, mientras me esfuerzo por superar mis propios límites y alcanzar nuevas metas. A medida que avanzo, siento una sensación de poder y liberación, como si nada pudiera detenerme.
Mientras entreno, no puedo evitar pensar en Mauricio y en el bebé que llevamos en mi vientre. Sé que él está preocupado por mi seguridad, pero también sé que necesita que sea fuerte y esté preparada para cualquier desafío que enfrentemos juntos. Me comprometo a dar lo mejor de mí en cada entrenamiento, no solo por mí misma, sino también por él y por nuestro futuro juntos.
Al terminar mi sesión de entrenamiento, regreso a la villa sintiéndome revitalizada y lista para enfrentar lo que el día tenga reservado. Sé que hay desafíos por delante, pero estoy decidida a enfrentarlos con valentía y determinación. Con Mauricio a mi lado, sé que podemos superar cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino.
Así que, con la mente clara y el corazón lleno de determinación, me preparo para enfrentar el día con todo lo que tengo. Estoy lista para lo que sea que el destino tenga preparado para nosotros.
Después de tomar el desayuno, me dirijo a nuestra habitación, donde el reconfortante aroma del perfume de Mauricio impregna el aire. Me sumerjo en esa sensación de tranquilidad y seguridad que siempre me brinda su presencia, y me siento agradecida por tenerlo a mi lado.
Decido que hoy es un buen día para visitarlo en su empresa. Sé que ha estado trabajando arduamente últimamente y me preocupa que no esté cuidando lo suficiente de sí mismo. Tal vez pueda llevarle el almuerzo y tener un gesto bonito con él, mostrarle cuánto lo aprecio y preocuparme por su bienestar.
Yo me levanto temprano para entrenar y a menudo llega tarde en la noche debido a sus responsabilidades en la empresa, por lo que casi no estamos coincidiendo en casa y importante para mí asegurarme de que esté bien alimentado y cuidado, incluso en medio de su ajetreada agenda. Así que con ese pensamiento en mente, me preparo para ir a la empresa y sorprenderlo con un gesto de amor y preocupación.
Con cuidado y atención, elijo cuidadosamente la ropa que usaré para la visita a la empresa de Mauricio. Opto por prendas elegantes y favorecedoras, queriendo impresionarlo no solo con mi gesto, sino también con mi apariencia. Como un toque adicional, selecciono una hermosa lencería como mi ropa interior, anticipando la posibilidad de que tengamos un momento para nosotros y él pueda relajarse un poco.
La idea de estar cerca de él, de sentir su presencia reconfortante, es algo que anhelo profundamente. Necesito estos momentos juntos más que nunca, para recordarme a mí misma que, a pesar de los desafíos que enfrentamos, estamos unidos y podemos enfrentar cualquier cosa juntos.
Después de un breve viaje en el auto conducido por nuestro chofer, llego a la empresa de Mauricio. Una vez más, me encuentro con el personal a cargo de Dante, ya que él está ocupado con otras responsabilidades, probablemente asignadas por mi esposo.
Saludo cortésmente a la secretaria al entrar y ella me deja pasar sin demora. Al llegar a la oficina de Mauricio, lo encuentro sumergido en sus pensamientos, mirando fijamente su mano con una expresión preocupada. Esta visión me inquieta, y me apresuro a acercarme a él para ver qué está pasando.
— Mi amor, ¿Cómo estás? Te traje el almuerzo, te has pasado trabajando y casi no te veo, llegas muy tarde en la noche y yo me levanto muy temprano en la mañana para entrenar. — Le hablo mientras dejo la canasta en la mesa auxiliar y camino hasta él, dejo un beso en su mejilla y el olor a trago me invade. — ¿No crees que es muy temprano para estar tomando? Ni siquiera has comido nada, me preocupa... Me preocupas tú.
— Estoy bien. — Ante su lacónica respuesta, siento un nudo en mi estómago. Aunque Mauricio intenta tranquilizarme con esas simples palabras, su expresión y su gesto sugieren lo contrario. Sé que algo le preocupa profundamente, pero también sé que es difícil hacerlo hablar cuando decide mantener sus preocupaciones para sí mismo.
Decido no presionarlo más por el momento, sabiendo que puede que no esté listo para hablar. En cambio, opto por cambiar de tema, tratando de aligerar el ambiente y ofrecerle algo de distracción. Al ver que Mauricio sigue inmóvil en su lugar, decido tomar acción y preparar la comida en la mesa auxiliar. Lo invito a comer con un gesto, pero él sigue sin moverse. Mi paciencia, ya de por sí limitada debido al embarazo, comienza a desvanecerse. Mis hormonas pueden estar influyendo en mi estado de ánimo, pero eso no significa que esté dispuesta a tolerar la falta de comunicación de Mauricio.
Decido romper el silencio con una pregunta directa, una que sé que lo hará reaccionar. Su repentina atención me hace sentir un ligero alivio, pero también aumenta mi curiosidad por saber qué está pasando por su mente en este momento.
— Es Luna, ¿Cierto? — La mirada de sorpresa en los ojos de Mauricio al escuchar mi pregunta es evidente, pero dura apenas un instante antes de que la aparte bruscamente. Observo cómo levanta el vaso de licor de su escritorio y lo vacía de un trago, un gesto que confirma mis sospechas. Mi corazón comienza a latir más rápido mientras me preparo para la conversación que sé que viene a continuación. Empiezo a presionar para obtener respuestas, y sé que no podrá ignorar el tema por mucho más tiempo. — Lo es. Ella es tu amante, una arrastrada que ahora te traiciona refugiándose en tu padre. ¿Te duele? ¿Es por eso que estas así? Distante y pensativo... — Me siento abrumada por una mezcla de emociones al darme cuenta de que la distancia y la falta de comunicación de Mauricio se deben a la presencia de otra mujer en su vida, una que ha sido su amante en el pasado. La frustración me invade al comprender que esta mujer, a quien considero una amenaza para nuestro matrimonio, sigue ocupando un lugar en la mente de Mauricio, a pesar de haberse comprometido conmigo. Me siento dolida, traicionada y cuestiono la solidez de nuestra relación. La sensación de inseguridad y la incertidumbre sobre el futuro de nuestro matrimonio me angustian profundamente, generando una tormenta de emociones dentro de mí.
— Alicia... — Me siento en una de las sillas de la mesa auxiliar con una mezcla de frustración y resignación. Todo lo que he intentado decir parece caer en oídos sordos, o más bien, en una mente empecinada en mantener secretos y distancias. Mauricio, mi esposo, repite mi nombre como una especie de mantra, como si eso fuera suficiente para tranquilizarme, para hacerme retroceder en mis preguntas y preocupaciones.
Observo cómo se levanta de su escritorio y se acerca a la mesa auxiliar donde he dispuesto la comida. Su gesto es firme, determinado, pero también parece llevar consigo una carga de tensión. ¿Qué estará pasando por su mente en este momento? ¿Qué secretos esconde tras esa mirada impasible?
Se sienta frente a mí y comienza a comer en silencio. Su presencia imponente llena la habitación, pero también hay algo en él que parece distante, como si estuviera en otro lugar, atrapado en sus propios pensamientos y preocupaciones.
Me quedo mirándolo durante un momento, tratando de encontrar alguna señal de lo que realmente está pasando en su interior. Pero sus ojos, oscuros y profundos, me devuelven la mirada sin revelar nada. Entonces, decido dejarlo estar por ahora. Tal vez con el tiempo, pueda encontrar la manera de abrirse y compartir lo que lo está perturbando tanto.
Por ahora, solo puedo quedarme a su lado, ofreciéndole mi apoyo y amor incondicional, incluso cuando las sombras del pasado amenazan con separarnos.