La pequeña tarde se hacía noche y Noa y Juno seguían intentando que el duque Barac reaccionara. —¿Qué haces? —cuestiona Juno viendo como su hermano teclea en el celular. —Llamo refuerzos —le afirma —Nosotros dos no podemos moverlo, pesa una tonelada —se carcajea Noa. Dioses, Juno no sabía si era por su reciente celo o por su cuerpo que se había convencido de que el duque Barac era su alfa, pero de lo que sí estaba seguro es que se sentía tenso, solo de pensar en ser envuelto por ese hombre que pesaba una tonelada. —Por los dioses, Juno —Noa cubre su nariz —Al menos, controla tus feromonas. —¡¿Qué?! No estoy haciendo nada —entra en pánico —¿huelo a algo? —Si oler a algo es apestar a hormonas, pues sí, hueles a deseo carnal, querido hermano. Juno se hunde con la vergüenza, si h

