MARIANA —Los días son noches y las noches son penumbras eternas; a veces siento que perdí hasta el puesto de perdedora. Es que si no fuera por mis hijos, te juro que me acostaría en el suelo a podrirme. —Mariana, no digas eso, debes ser fuerte, eres una guerrera. Además, estás aquí en esta mansión rodeada de sirvientes; por fortuna accediste a venir aquí y dejar tu humilde hogar. —Eso te lo agradezco mucho, Sheila, es que no tengo cómo pagarte. —Tranquila, es lo menos que yo podía hacer; son los hijos de mi hermano, embarrada que se desapareció, le tocó esconderse, es que aparece en la lista de los más buscados. —Sheila posó con suavidad una mano en la prominente barriga de Mariana y prosiguió—. Por lo pronto debemos irnos; el doctor programó el parto hoy. Vamos, sé fuerte, como siempr

