Mariana —-pensaba que estarías agradecida conmigo porque te ayudé con el Wendigo—; Mariana miraba a su alrededor, intentando buscar una piedra o un pedazo de garrote y no alcanzaba a ver algo que se le asemejara. Mientras tanto, la niña de mil cabezas arqueó la espalda hacia atrás y, después de emitir un chillido como de murciélago, dijo estas palabras: —Yo no pido ayuda, por lo tal, no le debo nada a nadie y, sobre todas las cosas, no dejo escapar una presa. Mariana se preparó para atacar de frente; sabía que podría perder, pero no calculaba otra manera y rugió: —¿Acaso no recuerdas que un ser que desapareció te contrató para que me llevaras con el cacique? Y ya lo hiciste, por tanto, no somos tus presas ni tus objetivos. La niña se cogió la cabeza con ambas manos y la sacudió fuerte m

