Eriel La diversión apenas inicia y el juguete se encuentra estropeado, acobardado y con lágrimas gigantescas en sus ojos. Fumo un cigarrillo mientras Ariel recuerda viejos tiempos cuando era un sanguinario militar, lo apodaban La Parca Reconozco que mi hermano no sentía remordimiento ni piedad. Me gustaba hacer dúo con él, sin duda éramos implacables e imparables. Necesito un trago así que salgo de la habitación para buscar algo que beber, Uriel se encuentra con los pies extendidos, audífonos y durmiendo, el infeliz duerme, menos mal que vigilaría, bajo sus pies de golpe y se alarma, empuña un arma, me deja impresionado, el abogadito sí que lo tenía guardado. —No seas imbécil Eriel, me harás matarte sin querer. —Me carcajeo, quita sus audífonos, su expresión facial es un poema. ¿Matarme

