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Te Volvería A Elegir
Entro a mi lugar de trabajo, saco algunas carpetas de mi escritorio y continuo por meter todos los juegos de copias en su respectivo lugar.
Eso me llevó por lo menos quince minutos de mi tiempo.
Listas las carpetas dejo todo en orden encima de mí escritorio después de eso me dispongo a meterme a la PC y buscar un poco de información.
Minutos más tarde...
Mi celular suena un par de veces hasta que lo tomo y son unos mensajes de mi estúpido jefe.
Tuerzo los ojos, después de eso me doy cuenta de que llevo quince minutos de retraso ¿Qué? Por Dios voy tarde a la junta.
Tomo las carpetas y salgo de mi oficina estoy por abrir la puerta principal cuando de pronto topo con ese idiota.
—Ah maldita sea ¿Esto es una locura?— me reprocha.
Enseguida me agacho y junto todas esas carpetas.
—¿Qué no puedes hacer algo bien?
—Usted fue el que se atravesó arrogante de mier...
En ese momento me doy cuenta de lo que estaba a punto de decir.
—¿Qué acabas de decir?—él pregunta al mismo tiempo que me ve a los ojos.
—Nada, solo hay que irnos —me reincorporo para intentar salir sin embargo.
—Un momento—él me toma del brazo y me regresa hacia él haciendo que quedemos cerca y viéndonos fijamente.
Su mirada recorre mi rostro, es ahí donde me doy cuenta de que sus ojos son lindos así como tambien esas cejas obscuras y gruesas.
Ay por Dios Melissa ¿Qué estas diciendo?
Frunzo el ceño y trato de apartarme, demasiado tarde me digo a mi misma en cuanto escucho la voz de la que estoy segura de que es su prometida.
—¿Alberto?—ella suena molesta.
Noto como él se pone nervioso y se aleja de mi y...
—Amor ¿Qué sucede?
—¿Qué haces tan cerca de esta mujer?
—Amor ella es solo una empleada estaba poniéndola en su lugar—explica.
Si claro me estaba poniendo en mi lugar casi encima de mi rostro.
Sonrío de lado y opto por salir de esa oficina, dejando con el problema a mi querido jefe.
Sinceramente me alegra haberlo puesto en ese apuro.
—Hola ¿La sala de juntas?—pregunto a una de las secretarias.
—Es al fondo a la derecha—ella contesta con amabilidad.
Menos mal que por fin encontré a una secretaria amable, en fin entro a la sala de juntas, ahí hay muchas personas deben ser los demás socios en fin prosigo por entregar a cada uno, una carpeta.
Originalmente la empresa de mi padre es de coches solo que ahora también hay una rama de publicidad la misma que se encarga de promocionar cada coche nuevo.
—¿Dónde está Alberto?—cuestiona uno de los presentes.
Estoy por preguntar sin embargo, él llega antes de que contesté.
—Aquí estoy por favor empecemos —él y su prometida tomán asiento—Tú —él se dirige a mi —Haz que sirvan el café.
Lo veo con unos ojos de querer matarlo sin embargo hago caso a lo que se me pide.
Salgo tan solo unos minutos y cuando vuelvo hay tremendo escándalo.
—Alberto, queremos soluciones ¿Cómo pudiste tratar así a una empleada?—reclama uno de los socios.
—Yo no hice nada malo, la chica solo se porto rebelde y si alce mi voz fue para marcar mi autoridad.
—En el video claramente se ve como humilla y somete a un gran estrés a esa empleada, no solo eso si no que también se hizo viral, si caemos en ruina será por tu culpa ¿Qué harás para recompensar a esa chica?
—Yo...
—Él le dará pensión alimentaria y hospitalaria de por vida a esa chica —digo de pronto.
—¿Qué?—Alberto me ve con confusión.
—Si, usted debe demostrar que es un buen jefe solo así está empresa no ira a la ruina—digo con firmeza—Además de que debe manejar su ira joven Alberto.
Noto como él sutilmente traga saliva.
—Pero eso no tiene coherencia, ¿Mantener a una empleada de por vida? Estas demente.
—La chica tiene razón, debes hacer eso solo que como es tu problema saldrá de tu bolsillo y no hay un "No" que valga—menciona un señor de barba pronunciada.
—Está bien— acepta no muy convencido.
—Muy bien con ese asunto resuelto, continuemos por favor.
Una hora más tarde....
La junta ha terminado, por lo que todos salen excepto la novia de ese tipo y él claro.
Me quedo recogiendo el desorden y mientras hago eso escucho como ellos dos empiezan hacer cosas de novios.
—Mi amor me encanta tu piel bronceada y estos brazos marcados—miro de reojo y veo como ella se le avienta a besarlo.
Ambos se besan hasta que ella se deja caer en la mesa de juntas en tanto él mete sus manos en esa mini falda.
Si que esa chica no es nada inteligente tanto que ni siquiera aportó nada a la junta.
En fin solo aclaro mi garganta, es ahí donde él se reincorpora acomodando su cuello.
—¿Enserió te detendrás por esta chica?
—No, es solo que es incomodo.
—Jamás te habías incomodado, vamos sigue hazme el amor aquí—lo toma de su cuello.
Ok es momento de irme, tomo esas carpetas y salgo de esa sala.
Genial eso estuvo muy incomodo.
Camino hacia mi oficina a la que llego directo a tomar un poco de agua fría.
Minutos más tarde...
La puerta de mi oficina se abre, volteo a mirar y es ese idiota.
¿Qué no odiaba entrar aquí? Frunzo el ceño en cuanto veo como él hace una mueca e intenta cerrar las persianas.
—No señor aquí es mí oficina —lo alejo de las persianas.
—Eres una desubicada —me ve con enojo.
—Y tú un arrogante—menciono con firmeza.
—No solo haces lo que quieres si no que por tu culpa pagaré a una empleada solo porque si.
—Solo porque si no, va pagar por su arrogancia no cabe duda de que es un pedante, cuidado, si sigue así terminara con esta empresa y eso no lo voy a permitir.
—¿Y porque te interesa tanto esta empresa?
Rayos, no debo parecer tan interesada.
—Quise decir que no voy permitir que use conmigo su arrogancia, debería estar agradecido conmigo de que le haya dado una idea, parecía una cucaracha fumigada sin saber que hacer.
—¿Cucaracha fumigada?—parece ofendido.
—¡Si! Eso es exactamente lo que dije—tuerzo los ojos.
Enseguida de eso escucho como él exhala enojado.
—Como sea lo ayude y eso es lo que debe importarle.
Él está por hablar sin embargo el timbre del celular lo interrumpe.
—¿Si?—contesta—¿Qué? Amor ahorita no estoy para eso —él me observa de arriba abajo—No te preocupes tengo la solución, te amo—cuelga.
—Ya que me metiste en un lío—él camina alrededor mío.
—¿Qué es lo que pretende?—alzo las cejas.
—Quiero que ayudes a mi prometida con lo que te pida sobre nuestra boda—me ve fijamente.
—¿De qué estas hablando?—frunzo el ceño.
—Te estoy dando una orden—réplica.
—Disculpa pero... Yo soy tu secretaria no tu organizadora de boda, busca una si tanto te urge —tomo las carpetas y las guardo.
—¡No te estoy preguntando! Te estoy ordenando—me habla firmemente.
—Pues no... No lo haré—tomo asiento para seguir con mi trabajo.
—¡Vas hacer lo que te digo! Yo soy el jefe y tú mi empleada así que haz lo que te estoy ordenando—golpea el escritorio.
Levanto la mirada y lo veo con coraje,trago grueso y solo contengo mi coraje en tanto lo miro.
—Solo haz lo que se te pide. Asiste a mi futura esposa mientras consigo una organizadora de bodas—me lo pide con más amabilidad.
—¿Y que gano con eso?
—De acuerdo veo que eres lista ¿Qué tal un aumento de sueldo?—se inclina hacia mi.
—¿Solo eso?
—Bueno es un buen sueldo, ya que estarás yendo de mi casa a la oficina así que vale la pena.
¿Dijo su casa? Eso quiere decir que tendré acceso a su privacidad, quizás ahí encuentre algo de lo que busco.
Me sonrío a mi misma, levanto la mirada aunque después quito esa sonrisa ya que él no debe sospechar.
—Esta bien pero si su prometida se pone insoportable no mantendré la cordura De acuerdo?—alzo una de mis cejas.