Por un momento lo veo con un poco de susto, aunque eso debe cambiar Alberto no puede pensar o al menos imaginar el tremendo temor que siento en estos momentos. Trago saliva, desvío un poco mi mirada hacia otro lado, después vuelvo a dirigir mi mirada hacia la suya. —No tengo idea de que hablas—me siento tan incómoda que estoy segura de que él lo está empezando a notar. — ¿De verdad no sabes de qué hablo? —profundiza esa mirada tan única que tiene. —Ok ya te dije que mentí porque necesito el trabajo, pero si no confías en mi entonces quédate con tu trabajo—intento caminar, pero él me toma del brazo y me devuelve hacia él. Quedando mi rostro cerca del suyo, siento como sus labios se desvían hacia mi oído derecho. —Ya te dije que, si confío en ti, solo te estaba molestando —suaviza tant

