Prologo

905 Words
El sonar de las cadenas se arrastraron por el piso de mármol del castillo. Y Los guardias traían a la nueva prisionera. La esclava más hermosa que alguna vez hubiese tenido el reino. La joven apenas podía ponerse de pie mientras la arrastraban con más fuerza de la necesaria, y su piel era magullada por el rozar del hierro. Una hermosa joya arrancada del tesoro de un rey. Una princesa. Una princesa reducida a nada. Porque… en un reino enemigo ¿en qué te convertía eso? La arrojaron con fuerza en el salón real, justamente frente al trono del príncipe Elian. Esperando una sentencia. Elian había prometido venganza a su reino y el dia había llegado. El poder en la palma de su mano. Una espada afilada descansaba en su regazo lista para derramar sangre. Se levanto del trono y dio unos pasos hacia la mujer. —Muéstrame el rostro, prisionera— una voz gélida y falto de emoción surco el aire impregnando todo el salón. La muchacha no obedeció —Su alteza, — menciono una mujer interfiriendo— creo que está muy débil, han sido muchos días de viaje hasta llegar acá, no ha comido, ni bebido nada y… El príncipe alzo una mano con la palma abierta ante ella, la mujer guardo silencio mientras agachaba la mirada reconociendo la orden —Ella no es una invitada. —aclaro el —Mis hombres han hecho bien Entonces la mujer retrocedió resignada. El príncipe volvió su vista al suelo, lugar donde el cuerpo de la joven estaba desparramado —mírame cuando te hablo. —ordeno —¿o es que acaso morirás de forma tan cobarde? Nada. Elian puso la mano en la empuñadura de su espada y la desenvaino —¿acaso no me has oído? He dicho que… —pero entones, lo imposible sucedió. ella levanto la vista hacia él. Y sus miradas se encontraron por primera vez en la historia. Un enemigo mortal a la vista de tus ojos. Y los ojos del enemigo tenían el color del sol. Y el la odio aún más por eso. ¿Cómo podía contener el color de lo puro y digno del cielo en su rostro? La vida y el fuego en ella, desde sus largos cabellos hasta sus ojos. El amanecer era la esperanza de todo reino, pero esta vez no para el de ella. No merecía aquel regalo. Las joyas que aun cargaba puesta de sus ropas reales resaltaban aún más su atractivo. Pero él se encargaría de eso. Desde ahora ella vestiría solo lo peor del mundo. Lo menos llamativo. Y andaría siempre cubierta de polvo y cenizas. —Tu reino te ha traicionado — menciono mientras la punta de su espada se dirigía a su cuello, y esta se vio obligada a levantar el rostro para que la hoja afilada no le hiciera daño — apenas ellos han sabido que planeaba atacarlos han firmado un acuerdo de paz como unos totales cobardes. — soltó burlón —Y han sacrificado a una de sus herederas entregándote a los brazos de la muerte. —sonrió maliciosamente —dime, ¿Qué se siente saber que tu reino perderá a una de sus hijas esta noche? Al inicio, pensó que la joven no respondería. Pedir que hablara su idioma era mucho. Asi que realmente lo sorprendieron sus palabras cuando la escucho decir — en ese caso, supongo que es bueno que el reino tenga a otras dos.— y sus ojos eran firmes, una voluntad de oro que prometía no ceder jamás. El rompería aquella esperanza. —Eres mi esclava. —esa era su realidad. —De ahora en adelante. Hablaras solo cuando yo te lo ordene. Comerás solo cuando yo lo diga. Y respiraras, —hizo una pausa —solo hasta cuando que yo lo permita. —¿Asi que… no moriré esta noche? Pero entonces un guardia la aplasto contra el suelo —¡¿Qué acaba de decirte tu príncipe?! — ladro en su cara — hablaras solo cuando él te lo permita. —Mis ordenes son absolutas — soltó el monarca. Y ella con dientes apretados guardo silencio. —serás mi juguete favorito. Siéntete afortunada por ello. No muchas logran ser mis esclavas personales. Ella lo miro desde el suelo. —Desde el dia de hoy, has dejado de pertenecerte. Esperaban que la joven forcejeara, que llorara, que hiciera algo, los guardias estaban preparados para ello. Pero... esta no se movió. No dijo nada. Casi como si hubiera aceptado su destino. ¿Estaba resignada? Pues bien. Eso lo hacía aún más fácil —Hazle reverencia a tu nuevo soberano.—el guardia la soltó para que tuviera un poco más de libertad para moverse. Al observarla más detenidamente Elian se dio cuenta de que tenía marcas de heridas en sus muñecas, pies y cuello. Pero no sintió lastima. No sintió nada. La chica trago saliva, casi como si se estuviera tragando el orgullo. « Un paso a la vez » pensó ella. No dejaría de luchar hasta el último dia. No pararía. Quizás fallecería en el intento, pero no hoy. Elian sonrió cuando la vio hacer un ademan torpe de inclinarse. O al menos tomar la forma de hacerlo. Y cada gesto de dolor provocado por sus heridas lo aliviaba. Con eso bastaba. Por ahora. —Morirás algún dia — le prometió — pero vivirás lo suficiente para desear estar muerta
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