Capítulo 48

894 Words

El eco del último disparo en la frontera aún vibraba en mis oídos cuando el cielo se llenó de luces azules y rojas. No eran los Vargas. No eran los Diablos del Norte. Era el rugido de las hélices de la Interpol y las fuerzas especiales federales. Habíamos hecho demasiado ruido; la masacre del General fue el clavo final en nuestro ataúd de impunidad. ​—¡Zoe, al helicóptero! ¡Corre! —grité, empujándola hacia la salida trasera mientras el humo de las granadas lacrimógenas inundaba el búnker. ​—¡No te voy a dejar, Máximo! —chilló ella, con el fusil aún caliente en la mano, sus ojos desencajados por la adrenalina y el miedo. ​—¡Vete! ¡Cuida al niño! ¡Si me atrapan a mí, tienen al pez gordo, pero si te atrapan a ti, se acaba todo! —La agarré de la nuca y le di un beso que sabía a despedida, a

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