JAXON Faltaba para la boda, sí, pero se sentía tan cerca que me daban vueltas en el estómago. En las últimas semanas, nuestras pequeñas guerras privadas se salieron de control. Un día me saboteó el acondicionador con brillantina. Anduve con la cabeza reluciente como bola disco toda la semana. Obvio que no me quedé de brazos cruzados: le cambié el gel antibacterial por pegamento. Después vino lo de los legos en mis zapatos. Qué clase de psicópata hace eso. Desde entonces, reviso los zapatos. Pero no me quejo. Sus bromas, en vez de alejarme, me tienen más clavado a ella. —Jaxon —la voz del abuelo me aterrizó de golpe. —¿Qué? —Miré a todos, notando que había estado ausente. —Estás en la luna —se burló. Solté un suspiro. —Solo me distraje un poco. ¿Qué decían? —Tu abuelo te está cubrien

