JAXON Abrí los ojos con el sol pegándome de frente. Qué dolor de cabeza… otra vez dejé las persianas abiertas. Aunque el aire acondicionado seguía soplando, el calor ya me tenía sudando. Sentí algo pegado a mí, y cuando bajé la vista, vi esa maraña de rizos dorados desparramada sobre mi pecho. Hadley. Me explotaba la cabeza. Literal. Como si me hubiera pasado un camión por encima. Quise moverme, hacerme el que dormía o lo que fuera, pero antes de que pudiera zafarme, Hadley ya estaba hablando: —Bueno, ya estás despierto —me dijo. —¿Y tu por qué estás encima de mi? —le solté, entrecerrando los ojos, medio confundido. —Porque tu me estabas abrazando —contestó como si nada. Entonces caí en cuenta: tenía el brazo muerto, dormido por completo. Pero mi mano seguía aferrada a su cintura, c

