Los chicos habían ganado el partido.
Eran buenos.
Siempre tenía mi mirada en mi hermano pero ahora que estaba enfadada con él, mire a los otros jugadores y aunque aún no estaba acostumbrada del todo al ritmo de los cambios, porque en el instituto era diferente, pero estos chicos eran muy buenos.
Pero nunca le iba a decir a Alexander que era bueno jugando, no iba a darle esa alegría pero ahora entendía porque Alemania lo quería y no entendía porque no le querían en la NHL.
Me quede con Silvia y Natalie en la entrada de los vestuarios, mientras la gente salía.
Primero salió mi hermano que me miro sorprendido, no se si estaba sorprendido por verme aquí, de forma normal le esperaba apoyada en su coche con una lista de fallos que había cometido, aunque no fuera una experta llevaba catorce años viéndole jugar, viendo sus entrenamientos, sabía muy bien como juzgarle y como seguir el ritmo de un partido.
Doce segundos después salió Alexander.
Y fueron horribles doce segundos en los que mi hermano me miraba entre enfadado y dolido.
Mi hermano hizo el intento de acercarse a mí pero corrí a donde estaba Alexander y le abrace, prácticamente salte a tus brazos rodeando su cuello con mis brazos, e incluso me tuve que doblar mis rodillas porque la altura de Alexander me pasaba factura.
Este no tardo en reaccionar, tiro su mochila al suelo y me rodeo con sus brazos haciendo que no me costara tanto estar colgada de él.
—Gran partido—hable fingiendo emoción—Has jugado genial—dije con sinceridad, pero intente que él no viera que estaba siendo sincera mientras los demás notaban mi sinceridad.
—Todo por mi amuleto de la suerte—dijo señalando mi goma en su mano.
El equipo de mi hermano era bueno pero no era de estos que destacaran, por ello que hubieran ganado con tanta diferencia, era sorprendente.
Alexander me dejo en el suelo y paso su mano por mis hombros.
—Vamos a casa, estoy seguro de que en poco vendrán los del equipo a celebrar—hablo Alexander.
Agarro su mochila y saludo a Natalie y Silvia con la cabeza.
—Ha molado, pero has sido lento—fue la forma en la que Natalie saludo a Alexander, este solo rio con toda la tranquilidad del mundo.
—Olivia—me llamo mi hermano acercándose a mí—Te llevo a tu casa—me dijo mi hermano haciendo mucho énfasis en lo de que me llevaba a MI casa.
—Estoy bien, iré más tarde—hable y le mire—O quizás duerma fuera de casa—dije quitándole importancia.
Christopher miro a Alexander.
—No vas a irte con mi hermana—le aviso.
—Tu hermana es mayor de edad, ella decide que hace y si quiere venirse conmigo, estaré muy feliz—hablo Alexander con tranquilidad.
Mi hermano me miro con la esperanza de que me fuera con él.
—Creo que si quieres, puedes venir a la fiesta—hable y mire a Alexander— ¿Verdad? Alex—.
El chico me miro divertido.
—Claro, este completamente invitado a la fiesta—hablo Alexander con tranquilidad—Eres parte del equipo—añadió, creo que estaba intentando que mi hermano se relajara y pudieran llevarse bien, pero mi hermano nunca se llevaría bien con Alexander.
Mi hermano nos miró impresionado, creo que no se esperaba esto pero no dijo nada, simplemente agarro sus cosas y se fue sin despedirse.
—Que incomodo—comento Blake saliendo del vestuario— ¿Nos vamos? —pregunto con tranquilidad.
Todos salimos del estadio y fuimos al coche, me subí en el asiento de copiloto, mire por la ventana como Alexander saludaba y se despedía de muchas personas, algunos solo con un gesto y otros con apretones de brazos.
—Es un chico sociable—me comento Silvia sentada detrás de mí.
—No lo dudaba—fue mi respuesta mientras centraba mi atención al frente.
—No entiendo porque no le soportáis, creo que sois los únicos que no ven algo bueno en Alex—comento y me mire para mirarle.
—Quizás es que yo se algo de él que no gustaría a muchos—explique y ella me miro sin entender mi comentario, pero es que eso no importaba. No tenía que contar a nadie lo que sabía o no—Tú no eres novia ni de Owen ni de Blake, porque Natalie y tú podéis estar en las reuniones de novias—.
Silvia me miro.
—Soy novia de Blake—dijo mientras reía pero se cortó repentinamente como si algo entrara en su mente pero no quisiera decirlo—Que no seamos románticos no quiere decir nada—explico y me miro—Es una situación complicada—.
— ¿Y Natalie? —pregunte.
Silvia me miro.
— ¿Tienes miedo de que alguna de nosotras este enamorada de Alex? —pregunto repentinamente.
Deje de mirarla y mire al frente.
—Paso—le dije porque realmente pasaba de celosos sin sentidos, no estaba celosa pero si tenía que saber a lo que me iba a enfrentar, que a Natalie le gustara Alexander tendría demasiado sentido, su bordaría o porque era tan fría.
Alexander y los demás entraron al coche y saque mi móvil para enviarle un par de fotos que saque a mi madre.
—He pensado que quizás si invitas a tu amiga a la fiesta te sientas mejor—comento Alexander.
Le mire de reojo mientras encendía el motor.
—Tiene planes—fue mi respuesta.
Y se bien que aunque no los tuviera, jamás pisaría una fiesta, ella las odiaba como no lo hacía nadie, odiaba todo lo que se hacía en ellas y su vena ecologista no le dejaba ver con buenos ojos el malgasto de vasos de las fiestas universitarias, prefería evitarlas.
— ¿Cómo se llama esa amiga tuya? ¿Es la de pelo rizado? Es muy guapa y exótica—hablo Owen.
—Tiene novio—deje claro pero todos en el coche rieron— ¿Qué? —.
—Que lo primero que digas es que tiene novio y no apoyes su belleza es raro—hablo Silvia.
—No necesito decir nada sobre como es, todos tenéis ojos—respondí molesta, respire hondo tras eso, mi amiga era una chica que llamaba la atención, era guapa, no lo podía negar, era preciosa y no intentaba destacar y creo que eso es lo que más gustaba y bueno que fuera dulce, ayudaba.
Deje mi móvil y me cruce de brazos para mirar por la ventana.
Ellos notaron esto como una señal y se pusieron a hablar de cosas de la casa y de la fiesta.
Llegamos cinco minutos más tarde.
Salimos y todos entramos en la casa, que aunque antes no me había fijado estaba extremadamente limpia.
— ¿Quieres dejar el bolso en mi habitación? —me pregunto Silvia.
La mire.
—Lo deja en la mia—hablo Alexander y antes de que pudiera decir nada, me agarro de la mano y tiro de mi escaleras arriba, le seguí no porque quisiera sino porque prácticamente estaba tirando de mi como si no pesara nada.
Casi un minuto después, entramos en su habitación.
Era grande.
Un escritorio bajo la ventana.
Una cama grande.
Dos mesitas de noche.
Un armario y un baño con lo suponía que era el baño.
Todo estaba decorado en colores claros, madera y beiges, no era para nada lo que esperaba de su habitación y que estuviera perfectamente limpia mucho menos.
—Dejalo en la cama—me dijo y me acerque a la cama para dejar ahí mi bolso.
—No tenías que tirar así de mi brazo—deje claro girándome y para ver que se estaba quitando los pantalones— ¿Qué haces? —pregunte sorprendida.
—Cambiarme—dijo como si nada.
—Te dejo cambiarte tranquilo—dije caminando a la puerta pero Alexander me paro con su cuerpo y lo vi ahí parado, sin camiseta, con el cinturón suelto y mirándome.
—Quedate—.
Le mire.
Casi sonaba a una súplica.
— ¿Por qué quieres que te mire cómo te desnudas? ¿Qué tipo de loca fantasía es esa? —pregunte sorprendida.
—Quiero hablar contigo, y tengo que organizar la fiesta, tenemos poco tiempo, matamos dos pájaros de un tiro—dejo claro, mire a los ojos del chico porque mi mirada solo debía estar ahí—Tenemos que aclarar unas cosas para la fiesta—.
—No tenemos nada que aclarar—dije y me miro—Nadie preguntara nada, los chicos no sois tan cotillas y las chicas no me han preguntado nada, fin de la historia—.
Alexander me miro intentando estudiar mis palabras.
Mi móvil sonó, con el sonido que más odiaba.
—Necesito usar el baño—dije rápido.
Señalo la puerta del baño, cogí mi bolso lo más rápido que puede y me metí en el baño.
Me senté en el suelo del baño, contra la puerta y cerré mis ojos.
Respire hondo.
Llevaba lidiando mucho tiempo con esto y era sencillo para mí, hasta cierto punto.
Pero odiaba cuando pasaba.
No había calculado bien lo que mi cuerpo necesitaba o fuera a soportar, me pasaba últimamente pero no quería que la gente me viera mal por no comer en el partidos, todos comen en los partidos.
Tome un poco de zumo y comí mi barrita de nueces.
Mire mi reloj y puse un temporizador de tres horas, porque esa era el tiempo exacto que tenía para estar aquí e irme a casa.
Agarre mi bolso y volví a salir del baño, para encontrarme a un Alex ya cambiado.
— ¿Todo bien? —pregunto mientras me miraba.
Asentí.
—Cosas de chicas—fue la respuesta que le di.
Alexander era temporal, no tenía que conocer mis problemas.
—Si necesitas cualquier cosa, puedo pedírsela a Silvia o Natalie—dijo y le mire.
Me sorprendía que pudiera ser tan sencillamente comprensivo cuando quisiera.
—No hace falta, todo está solucionado—deje claro.
Alexander me miro.
—Si hay algo importante que deba saber, me lo tienes que decir—dejo claro y le mire.
Había demasiadas cosas importantes, una lista de miles de datos que quizás harían al chico más fácil ayudarme a engañar a mi hermano pero ninguna de ellas ayudaría cuando esto terminara.
Porque iba a terminar.
—No voy a contarte nada, lo usaras luego en mi contra—.
Alexander me miro sorprendido, se acercó a mí haciendo que estuviéramos a pocos centímetros.
Creo que le estaba gustando demasiado tenerme así de cerca.
—Jamás usaría algo que me contras en tu contra—hablo con algo de dolor.
—Mi hermano puede contar una historia diferente—.
Me miro con los ojos llenos de tristeza y rabia.
—Tu hermano solo tiene parte de la historia—respondió mientras intentaba mantener la calma—Pero si tanto te preocupa que te use tus secretos en tu contra, por cada secreto que tú me cuentes, yo te contare uno mío—.
Le mire.
—Lo pienso—.
Alexander asintió.
Creo que estaba decepcionado pero no estaba preparada para esa conversación, nunca estaba preparada para estas conversaciones en las que te abrías a los demás.
—Vamos—dijo y bajamos con los demás que ya estaban moviendo cosas a las órdenes de Owen.
Prefería estar con gente, con gente que pudiera dejar de fingir que me gustaba.
—Alex, ven aquí y ayuda a Blake con el sofá—hablo Owen.
Alexander se acercó a Blake y como si no le costara nada, entre los dos levantaron el sofá y lo movieron. Hasta colocarlo en la zona en la que Owen quería que estuviera.
—Creo que la mesa de los aperitivos debería estar ahí—dijo señalando una zona vacía.
Alguien le lanzó un vaso, me gire para ver que era Natalie que estaba con Silvia organizando esa mesa.
— ¿No sabes hablar antes? —pregunto molesta.
—Es mejor que pongáis dos zonas, para que no se acumule la gente— dije y Owen me miro—Esa esta lo suficiente lejos de la cocina para que la gente no pase solo por ahí y si estas en medio elijas a donde ir—.
—Y por esa razón necesitábamos otra chica, para que todos escucharan lo que opináramos—dijo Silvia.
—Siempre os escuchamos Silvia—se quejó Blake y esta lo miro—Pero Olivia tiene razón y mejores ideas, esa mesa se queda donde la han puesto las chicas y la otra la ponemos en la cocina—.
— ¿Habéis cerrado las habitaciones? —pregunto Owen.
Todos asintieron.
—Pues a por la fiesta—añadió Owen.
Dos horas después la casa estaba llena de gente, todos bailaban y comían, mientras bebían, me había escondido en una esquina para que nadie me molestara mientras tomaba las fuerzas suficientes para seguir aguantando a personas.
Apoye mi cabeza en la pared.
Había evitado con todas mis fuerzas hablar con personas, no me gustaban estos espacios y las fiestas, eran lugares de estrés y gérmenes.
Aunque conocía a algunas personas en la fiesta ninguna era una persona con la que hubiera hablado mucho. No me gustaban las fiestas, y había evitado con todas mis fuerzas interactuar con Alexander porque me daba miedo que me tocara.
—Ven—me dijo Silvia agarrándome de la mano, no pude resistirme cuando ella tiro de mí y me llevo a la zona de sofás donde estaban varios chicos del equipo—Se amable con tu pobre novio que está sufriendo por ti—me dijo y la mire sin saber si estaba bromeando o realmente decía algo de verdad en esa frase, quizás ella también estaba siguiendo el juego que Alexander y yo nos habíamos montado.
En un sillón de una plaza, con las piernas abiertas se encontraba Alexander bebiendo de un vaso, con tranquilidad mientras hablaba. Era claro que era el capitán, tenía esa aura de que lo que dijera le iban a escuchar miles de personas e incluso tenía esa forma de ser que hacía que las personas lo miraran.
Solo estaba en segundo pero el capitán del año pasado vio algo en él y le puso como capitán, su argumento era que así les duraba más un capitán, mi hermano creía que la donación del padre de Alexander hizo que la decisión fuera más clara y fácil, como si el nepotismo tomara fuerzas.
Había investigado de la familia Taylor. El padre de Alexander jugo a hockey en la universidad, pero una lesión en su último año le saco de las ligas profesionales, pero tenía potencial, su abuelo también jugo a hockey, era una larga línea de hombres Taylor que fueron a la misma universidad y jugaron todos al hockey en la misma universidad. Ni uno de los Taylor mayores tuvieron suerte con las mujeres, el abuelo Taylor tenía tres divorcios, y el padre Taylor, era viudo y se volvió a casar.
No me sorprendería si Alexander fuese capitán por nepotismo.
—Ha sido un buen partido, sé que solo ha sido amistoso peor j***r—hablo Hunter mientras intentaba que la atención de Alexander estuviera en la conversación pero cuando entre en escena, su murada se clavó en mí—Creo que tenemos posibilidad de ir a los Frozen Four—.
Esas finales eran duras, solo iban las mejores universidades, las que mayormente siempre había jugadores que iban a las ligas profesionales.
Alexander clavo sus ojos en mí.
—Tío, no te está escuchando—bromeo Blake que tiro de Silvia para que sentara a su lado.
Me acerque a Alexander, porque a su lado había una silla vaciá, pero antes de que pudiera ni siquiera rozar la silla con mis dedos, tiro de mí y me sentó encima de él.
—Llevas dos horas ignorándome, ni pienses que voy a dejarte pasar de mí ahora mismo—hablo con tranquilidad, le mire.
—He estado haciendo amigos—dije y me miro con una ceja levantada.
Paso su mano por mi cadera con cuidado.
— ¿Hablando con la pared? —pregunto divertido.
Le mire molesta.
Sin dudarlo le di un golpe en el pecho pero me hice yo más dañó del que seguramente él sufrió.
Alexander pasó la mano que tenía en mi cadera a mi mejilla y comenzó a acariciarla.
—Te huele el aliento a ron—me queje.
—Calla—suplico y le mire—Por favor, solo dejame disfrutar cinco minutos—.
No supe que decir, solo lo mire mientras su mano seguía acariciando mi mejilla.
No me molestaba que me acariciara, sus manos eran grandes y calientes, las movía con cuidado, tenía casi toda la mano en mi cuello y oreja mientras usaba su dedo gordo para acariciar mi mejilla.
Era raro que no me molestara que me tocara.
Siempre me sentía rara cuando me tocaba, pero ahora era como si no importara, como si lo hiciera con cuidado.
Quizás el enfado con mi hermano me estaba afectando demasiado.
—Puedo estar callada cinco minutos—comente.
—No—dijo y le mire—Nunca te pediría que te callaras, con que estés así, me llega—respondió y le mire confundida porque no sabía que era “así” — ¿Cómo son esos amigos que has hecho? —pregunto divertido.
Mordí mi mejilla para evitar insultarlo.
—Son más amables que tú—respondí con la misma diversión que él.
Alexander rio, de una forma sincera y que llenaba una habitación de paz y alegría.
No me gustaba esa sensación.
—He visto algo raro en mi posición—le dije y Alexander me miro—Silvia me dijo que Blake era su novio pero vi a Blake besándose con Natalie—le conté.
Puede que no fuera mi papel preguntar pero necesitaba estar preparada para cualquier cosa, iba a pasar unas cuantas horas en esta casa y odiaba el drama innecesario.
—Natalie y Blake son pareja—explico y le mire sin entender nada—Al igual que Blake es pareja de Silvia, y esta de Natalie—conto tranquilo—Son una pareja de tres, poli amor lo llaman—.
Había escuchado de eso, pero mis padres eran católicos y nos habían criado con esas ideas, por lo que no contemplaba esa posibilidad en mi vida pero bueno, respetaba quien quisiera vivir así.
—No lo sabe nadie, solo los de esta casa, así que necesito que no digas nada—aviso y asentí.
—No diré nada—dije una confirmación con palabras para que supiera que había pillado la importancia de no decir nada.
—Es un secreto, creo que me debes uno—hablo.
Le mire.
—Es un secreto de otros, no tuyo—deje claro y le mire—No te contare secretos de mis amigos porque tú me cuentes secretos de los tuyos—avise—Además no he aceptado el trato—.
—Dura negociadora—se quejó y le mire.
No era que fuera dura negociando, no me parecía justo contar secretos de mis amigos porque si, aunque tuviera pocos amigos, no iba a contar cosas de mis amigos porque el chico me hubiera dado un dato importante, creo que podría decirle que mi hermano tenía novia, si no decía quién era, no estaba contando nada muy malo.
Pero no me sentía demasiado contando cosas que no eran mías y menos sin saber que iba a pasar con esa información en unos meses.
—Siempre puedes hablar de otra cosa—dijo y le mire—Puedes hablarme de cualquier otra cosa, solo pasemos un rato tranquilos—.
Le mire sin saber que decir, no había momentos tranquilos con Alexander, era una persona explosiva, una persona llena de habilidades que ni yo entendía, iluminaba las salas y las llenaba de formas demasiado raras, no sabía si tener miedo o sentirme reconfortada.
—Me tendré que ir en una hora como mucho—le avise.
Alexander soltó una queja.
—Mañana no hay clases—se quejó.
Era verdad, tenía clases los viernes pero era una fiesta de la cosecha en la ciudad por lo que la universidad había suspendido sus clases, solo por este viernes y por eso a nadie le importaba esta fiesta.
—No es por las clases—susurre.
Alexander tiro de mí para que mi cara se acercara más a la de él.
—Quedate—suplico y le mire—Te llevare a casa—.
—Has bebido—recordé.
—Te pagare un taxi—.
—Puedo hacerlo yo misma—.
Alexander soltó un bufido en forma de queja.
—No me lo pongas tan difícil—se quejó y le mire—Quiero ser un caballero—.
—Nunca has sido un caballero—recordé.
Alexander clavo sus ojos negros en mí.
—Sí, es verdad—dijo y me miro— ¿Y sabes lo que hacen los caballeros? Seguir normas y pedir permiso—dijo haciendo que me confundiera—Y yo no soy un caballero—.
Asentí sin entender que estaba diciendo.
Se acercó a mí hasta que nuestras narices se rozaron.
—Tienes suerte de que sea algo caballeroso—dijo y le mire—Porque si no estaría besándote ahora mismo—.
—No vas a besarme—.
—Ganas no me faltan—hablo con tranquilidad.
—Estás loco—me queje—Solo hablas porque has bebido demasiado—.
Alexander paro el movimiento de su dedo justo cuando estaba a la altura de mis labios.
—Solo un beso—pidió.
Alexander intento acercarse más a mí pero me levante.
—Vamos a bailar—dije sin pensarlo.
—No bailo—dejo claro.
—Una pena que salgas con una bailarina ¿no? —dije.
Alexander me miro con curiosidad, pero se levantó y me agarro de la mano para llevarme a la pista de baile que habían improvisado, paso sus manos por mis caderas mientras yo bailaba con cuidado al son de la música, moví mis caderas y puse mis manos en sus hombros.
— ¿Desde cuando eres bailarina? —me pregunto.
Le mire.
—Mis padres siempre nos hicieron hacer dos actividades—hable y le mire—Probé pintar y otras cosas, pero al final me quede con él piano con nueve años—explique y le mire—Mi madre me apunto a ballet con cuatro años, y nunca lo deje—explique.
— ¿Sigues bailando? —me pregunto.
—Ya no compito pero si, bailo para mí—.
Alexander se movía como un palo.
No tenía una sola célula de habilidades para el baile en su cuerpo.
—Mueve las caderas—le ordene.
Baje mis manos a su cadera para indicarle como moverlas, él me miro incomodo por lo que rápidamente subí mis manos a su cuello, rodeándolo con cuidado, creo que len daba vergüenza que le enseñara a bailar.
Alexander subió sus manos en dirección a mi cintura.
— ¿Llevas un arma? —me pregunto.
Rápidamente baje sus manos a mi cadera.
—No—deje claro—Mis caderas es tu límite de movimiento—.
—Creo que me gustan tus caderas—.
Me gire pegando mi espalda con su pecho y moví con cuidado mi cuerpo.
Alexander apoyo sus labios en mi hombro.
—Esto no es la mejor mezcla para mí—hablo y me quede quieta, Alexander coloco su mano en mi ombligo, pero por encima de la camiseta — Que lleves mi camiseta y que te mueves así, me va volver loco—susurro contra mi hombro.
No dije nada, no respondí, seguí moviéndome con cuidado, Alexander se movía con cuidado al mismo ritmo que yo, lo intentaba pero no conseguía para nada moverse al ritmo de la música.
Puse mis manos encima de las manos de Alexander.
—Tienes que mover tus caderas con más suavidad—dije y comencé a marcar el ritmo de la música con mis caderas—Sigue mis caderas—.
Sabía muy bien lo que estaba haciendo, si Alexander me veía como una forma de volverle loco, le iba a volverle loco, iba a hacer que no pudiera pensar en otra cosa que no fueran mis caderas.
Alexander soltó un suave gemido.
Beso mi cuello con cuidado y desesperación.
—Labios lejos de mi cuerpo—avise mientras seguía moviendo mis caderas al son de la música, la música era movida, no era lenta, no era a lo que estaba acostumbrada, era una música que las personas normalmente saltaba y se movían de forma rara, pero yo prefería mover mis caderas.
Alexander agarro su camiseta apretándolo con fuerza, hizo un nudo apretándolo con fuerza, haciendo que me pegara mucho más a él.
Notaba cada centímetro de su cuerpo contra el mío, y para mi desgracia Alexander era guapo y tenía un cuerpo que quitaba los suspiros de cualquier mujer o hombre que lo viera.
Apreté más mi cuerpo contra el suyo y seguí moviendo mis caderas.
Sabía bien que estaba haciendo.
Estaba jugando con Alexander y no me importaba hacerlo, era divertido hacerlo.
Alexandre soltó otro gemido desesperado contra mi cuerpo.
— ¿Todo bien? —le pregunte riendo.
Alexander apretó mis caderas para que parara de moverlas.
Alexander giro mi cuerpo.
—Nos vamos arriba—hablo y le mire, rápidamente Alexander tiro de mi mano para llevarme arriba.
Intente tirar de mi brazo para que no me llevara arriba pero era mucho más fuerte y me llevo a su habitación.
Abrió la puerta e hizo que los demás entráramos.
Cerró la puerta.
Le mire sorprendida.
—No entiendo que pasa—me queje.
Alexander me miro.
—Que has bailado de tal forma que cualquier hombre en este mundo tendría problemas—hablo.
Le cruce de brazos y le mire.
—Solo estaba fingiendo, dijiste que si fueras mi novio, no pararías de tocarme—hable y le mire—Si fuera tu novia real, te bailaría así cada día—.
Alexander se sentó en su cama mientras suspiraba con fuerza.
—No lo haremos más—.
— ¿Por qué no? —pregunte — Ha sido muy divertido—.
—Mil razones que no voy a justificar ni comentar—dejo claro.
Le mire divertida.
Me acerque a él.
— ¿No crees que ha sido divertido? —le pregunte.
Me miro.
—Has estado agarrándome con muchas ganas—añadí, apoye mis manos en sus piernas y le mire—Y recuerdo un beso tuyo en mi cuello—.
Alexander me miro.
—Pero es una pena que estemos aquí encerrados—dije levantando mis manos—No vas a poder disfrutar de mis bailes—.
—Da gracias a que estamos aquí, porque el siguiente paso era girarte y besarte—dije y le mire—Cosa que me has prohibido hacer—.
No quería que me besara, pero era lo único que le podía decir, que no quería, no podía decirle que no podía o porque no quería.
Mi reloj sonó.
—Mi señal para irme—dije mientras apagaba la alarma.
— ¿Por qué te vas? —pregunto sorprendido.
—Tengo que cenar—hable y me miro—Y no me digas que cene pizza, hoy me toca sopa de verduras con pollo—deje claro.
Alexander me miro.
—Dejame invitarte a cenar—hablo peo negué.
—Cenamos mañana juntos—le recordé, por su estúpida condición de tener citas— No me pidas dos cenas en una semana—le dije y le mire, no hizo nada, solo asintió antes de dejar que me fuera, no hizo comentarios, ni quejas, solo me dejo irme.