Cuando se terminaron de bajar de la montaña rusa, Meridia se sentía algo mareada, pero feliz porque era la primera vez que iba a uno de esos juegos, mientras Axel como si fuera un niño pequeño se acercó a la elfa sujetándola por su mano para llevarla a uno de los juegos que estaban en la feria. —¿Que te parece si vamos a uno de esos juegos de allá, amor? ¡Mira, ahí está uno de puntería!, cuando estaba joven practiqué tiro al arco, no es por alardear, pero soy muy bueno en eso, pero no tanto como la espada ¿sabías eso, Miranda? ¿No le has contado, hijo? —comenta Axel, viendo como el par de jóvenes lucían bastante apagados, a diferencia de él y Meridia que si parecían estarse divirtiendo. Cuando Miranda escuchó eso de “que él era bueno en la espada”, tragó saliva recordando que quizás de e

