Dos horas más tarde, justamente como Leo había prometido, se encontraba en la biblioteca, ya que cuando fue a buscar a Eli en su habitación no la encontró ahí. Aunque muchos decían que la joven tenía un aroma inexistente, Leo si podía sentir que la pelinegra tenía un olor particular, que le era fácil de distinguir porque no era como el resto. Él no sabía cómo explicarlo, pero Eli tenía un aroma parecido a la nieve, su aroma era frío y ya Leo lograba encontrarlo fácilmente sin tener que preguntar, es por eso que, con un par de olfateadas, él se guio por ese aroma “frío” llegando hasta la biblioteca encontrándose a la joven ahí, escribiendo el abecedario que le había enseñado ayer, junto con las vocales. El gemelo no pudo evitar sonreír, porque al parecer a Eli le gustaba aprender y eso le

