Prólogo🕯️

815 Words
El invierno es una de las estaciones que mas amo, y no solo por lo frio que es, si no por la llovizna de nieve que cae empapando todo el suelo. Lo mejor de esta temporada es lo que sucede después, una primavera hermosa y radiante donde todas las flores regresan a la vida y el campo se convierte en un paraíso lleno de color. Sin embargo, desde nuestro escondite, en una casa abandonada a las afueras de Cracovia, ese invierno escuché el crujir de la nieve, y la llovizna de nuestro miedo. Nos habían encontrado. Los esbirros estaban en casa. Somos 3 indefensos mientras que ellos son una multitud armada. La esperanza abandona mi corazón cuando uno de los esbirros logra dominarnos, domándonos a los 2 adultos y a mi bebé. Postrándonos de rodillas ante el gran capitán Schwartz El temible capitán Schwartz tiene fama, es conocido por sus fechorías, y lo peor de todo este asunto, es que le da placer aniquilar, asesinar a personas como nosotros. Estoy junto a mi esposo, y me han quitado al bebé de mis brazos. Siento la impotencia de no poder protegerlo porque de inmediato llora por el alboroto armada. Mi vista se va directamente hacia él con el impulso de levantarme para socorrerlo, cantarle y decirle que todo estará bien. El capitán Schwartz también lo mira, mas, no dice nada. Sus ojos verdes crueles están fijos en mi marido, al igual que el arma en su frente. Súbitamente, mis piernas hacen un pequeño esfuerzo para levantarme e ir a proteger a mi bebé, sin embargo, el hombre que me tiene dominada no me deja ayudarlo, ni cargarlo, y eso me parte el corazón. Otoniel, mi marido suplica por nuestras vidas y les pide misericordia. Ha sido golpeado en repetidas veces y esta sangrando por todos lados, en cambio yo, me mantienen intacta, no se porque este demonio del infierno no se ha atrevido a matarme aún, pese a que soy la única judía aquí. Desesperada por el pánico, no aparto la mirada de Otoniel, que sigue suplicando a pesar de tener el arma del temible capitán en la frente. A este punto mi corazón esta latiendo de una manera tan frenética mientras que todo mi cuerpo reacciona al miedo que se expandió por todo mi cuerpo como un virus mortal. Yahveh, volteó a mirar a mi hijo que está llorando por el pánico y le grito: —¡Mami irá contigo! ¡no mires! —él sigue llorando y siento que mi corazón se rompe en mil pedazos. El esbirro no hace nada para calmarlo, simplemente, lo deja llorar. ¡¡¡Booooom!!! Un terrible ¡¡Boom!! Todos se rieron como si se tratase de un juego, de una broma super divertidísima, mientras que una parte de mí moría cuando mi marido cayó muerto con la cabeza destrozada. El capitán sonrió de medio lado mirando al esbirro que tenía sujetado a mi hijo. —¿Qué hacemos capitán? —me miró, luego, miró al soldado. —¡Déjenlos ir! —dijo. El hombre que cargaba a mi hijo abrió los ojos de par en par. —¡No podemos hacer eso, son judíos! —exclamo, anonadado por la respuesta del capitán. —Si no quieres que te dé un tiro por el culo, obedece —exigió. El sanguinario apretó los dientes con tanta furia que lanzó al niño en un arrebato con tanta fuerza que este impacto al suelo en un golpe atroz. Quedé horrorizada ante tal monstruosidad y a toda prisa corrí al encuentro de mi hijo. —¡Dios, no, no, no, Zaquiel, no, no! —estallé en gritos, en un llanto desgarrador. El capitán Schwartz me miró acercándose al esbirro que lanzó a mi bebé. —¿Qué carajos hiciste? —¡Lo liberé! —¡Maldito cabron! —escupió, tomándolo el uniforme con fuerza y estremeciéndolo de un lado a otro —Usted dio una orden equivocada. —¿Y quien eres tu para contradecir mis ordenes? —Nadie, solo un soldado. —¡Maldito! —empujó airado, escuchando mis gritos desbordados. Un soldado se le acercó y le tocó el hombro. —Capitán… el bebé está muerto. —¡Puta madre! —se frotó la frente, mirándome. —¿Qué hacemos con la judía? Entonces, dijo: —¡Mátala! —ordenó, y salió de la casa. Sigo llorando… No me importa nada en estos momentos, solo quiero a mi bebé. Lloro desesperadamente, cuando mi cuerpo tiembla de manera descontrolada, y los dientes rechinan en sintonía con mi corazón. —¡Te amo! —le grito, acunándolo hacia mi pecho. Llenando mi vestido de sangre que emanaba su pobre y blandita cabecita. ¡¡¡Booooom!!! ¡¡¡Boooom!!! ****** Notita: Deja tus comentarios si te está gustando la historia, ya dejo el primer capítulo, entonces, besos, que la disfruten.
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