Pasaba los canales de su televisión completamente aburrido. No quería ver lucha libre, menos el fútbol y tampoco le apetecía ver sus películas de acción. Su mente estaba dando vueltas en ese pedacito que había visto del libro de Lía. Quería saber más. Jamás había pensado que una chica pudiera fantasear con el sexo. Se levantó del sofá y caminó hasta la habitación esperando encontrar aquel dichoso libro. – ¿Dónde carajo está? –Revolvió cajones, el estante, incluso las cajas de Lía. No había nada. Sabía que estaba mal pero realmente quería terminar de leer aquel librito. Se sentó desesperado en su vieja cama que, para entonces, tenía mantas de flores y corazones además del aroma de la muchacha. Se recostó, sintió una dureza en la almohada y metió la mano debajo para saber qué había allí. Son

