Cada día que pasaba en el calendario la hacían sentir como una presa. Conocía la naturaleza de William, su gusto por ser mujeriego y en ocasiones sentía como si ella misma fuera parte de sus trampas. Cuando la besaba, no parecía que estuviera fingiendo, cuando le tomaba la mano en el campus la hacía temblar. Aquel hombre era demasiado peligroso con su altura (de metro ochenta), sus ojos (asombrosamente verdes), su cabello (castaño) y toda esa lista de cualidades que lo hacían un peligro para el sexo femenino en general. Tenían que cumplir con el trato si querían ganar y ella necesitaba ganar. En bromas, una mañana incluso redactaron en una hoja pentagramada "el trato" con las reglas y lo firmaron ambos guardando aquella hoja de papel en el estuche de cello de Lía porque era el lugar que "n

