ALESSANDRO Desde el momento en que entramos al restaurante, supe que esto iba a joderme la paciencia. Leila. La esposa del alcalde. La mujer que me ha entretenido en más de un evento aburrido con su lengua rápida y sus piernas siempre abiertas. No por gusto, no por cariño… solo por conveniencia. Porque con ella venía acceso. Palancas. Control sobre su marido. Pero esta vez... esta vez no era lo mismo. Desde que vio a Elena, Leila se volvió aún más provocativa. Me miraba con esa hambre descarada, sonriendo como si no le importara que mi esposa estuviera a mi lado. Me hablaba bajito, con ese tono venenoso de mujer que se cree intocable. Y Elena... Mi jodida esposa tenía los labios apretados, los ojos oscuros ardiendo, y las uñas marcando mi palma por lo fuerte que me apretaba la man

