ALESSANDRO Elena está encima de mí. Su pecho contra el mío. Su respiración tibia en mi cuello. Aún estoy dentro de ella. No quiero moverme. No quiero que este momento termine. Porque sé que, apenas se levante, volverá el muro. Volverán sus sarcasmos, su distancia, su escudo de hielo. Paso una mano lenta por su espalda, dibujando el camino de su columna con la yema de mis dedos. Tiene la piel suave. Y la siento relajada por primera vez desde que todo se fue al carajo. Pero mi mente no para. Me caga eso. Debería estar disfrutando. Debería estar en paz. Y sin embargo… —¿Estás tomando pastillas? —pregunto, casi en un susurro, como si eso fuera a cambiar el peso de mis palabras. Elena se tensa de inmediato. No lo dice, pero lo siento. Como si la pregunta la hubiera picado direc

