Mellisa
Sentí que mi corazón dejó de latir, mi cuerpo se siente frío y estoy temblando, mis lágrimas salen por si solas, pues no soy capaz ni de parpadear.
Yo no... Yo no puedo creer...
Mi vida entera pasa en segundos, como fui tan ciega para no darme cuenta, mi amor por Gian me cegó por completo.
— ¡AH! SÍ, SÍ, GIAN MI AMOR. — La voz de Joana resuena en la habitación.
La veo como brinca sobre mi esposo, y él tiene sus manos en su trasero, alcanzó a reconocer nuestra sortija de bodas.
Cubro mis labios con mis manos y sin que ellos lo noten, salgo de la habitación sin hacer ruido.
Lo que empezó como un día lleno de alegría, se terminó convirtiendo en la peor de mis pesadillas.
Bajo al lobby para solicitar un auto y regresar a casa, no quiero que nadie me vea en este estado tan deplorable.
La limusina donde llegamos es el auto designado, pero me niego a subir en ella, no voy a revivir ese momento, no hoy.
Enseguida traen otro auto y al fin logro salir de aquí, trato de retener mi llanto lo más que puedo, no es tiempo de lágrimas.
Por suerte el camino de regreso es más rápido, llegando a casa subo las escaleras y entro directo en la que era nuestra habitación.
Saco maletas y empiezo a empacar todo, aquí no dejaré ni mi sombra. Me quisieron ver la cara, pues veamos la que ellos ponen cuando se queden sin nada.
Mientras empaco todo me permito desahogarme un poco, pero me recuerdo que soy una Lizardi y que mi apellido me respalda.
No me voy a dejar ver derrumbada, terminando pido un taxi al aeropuerto y compro mi boleto sin regreso, a Génova.
No debería, pero le dejo una nota al que creí era el amor de mi vida, junto con las alianzas en el buro de su lado de la cama.
Me dirijo a la puerta y doy una última mirada atrás. Aquí se quedan los momentos más bellos y los más horribles.
A la mañana siguiente
Giancarlo
Siento que la cabeza me está taladrando, la luz me molesta demasiado, trato de girar mi cuerpo y levantarme.
Pero tengo algo sobre mi cintura que no me lo permite, me frotó los ojos y los abro, empiezo a ser consciente del lugar.
Estoy en la suite que reservé para pasar la noche con Melly después del evento del nombramiento.
Pero la verdad es que no recuerdo como llegué aquí, lo último que tengo en mi memoria es que Melly fue al sanitario, Joana me dio una copa y de ahí, nada más.
Siento que alguien se mueve detrás de mi, pero estoy más que seguro que no es mi esposa.
Giro de manera brusca y me topo de frente con una Joana muy sonriente. ¿Qué carajos?
— ¿Qué carajos haces aquí mujer?
— No me mires así, ayer me convenciste de pasar la noche contigo, fue maravilloso. Valió la pena haber traicionado a mi mejor amiga, pase la noche más increíble de toda mi vida.
— ¡Mientes! Yo jamás engañaría a Melly, y menos contigo. Eres una mujer vulgar y despreciable. Siempre lo has sido, no entiendo como mi esposa soporta tu amistad fingida.
— ¡Auch! lástimas mi corazón. — Menciona con una fingida cara de dolor.
— Como si me importara.
Es justo en este momento que soy consciente de que estoy desnudo, pues al levantarme la sábana resbala de mi cuerpo dejándome expuesto.
De inmediato me cubro con las manos lo más que puedo, y la descarada de Joana me debora con la vista.
Es asquerosa la manera en la que me mira, hasta cierto punto me hace sentir sucio.
Pero si ambos estamos iguales ¿Eso quiere decir que?.. No, no, no, no, ni pensarlo, yo no sería capaz ni en mis peores momentos de serle infiel a Melly.
— ¿Ahora me crees? — Pregunta malevola.
— Esto es un error, yo no sé de que te valiste para que termináramos así, pero esto es un error.
— Un error que bien que disfrutamos los dos, es mejor que lo aceptes de una buena vez, tal vez si lo haces podríamos seguir pasando grandiosos momentos como el de anoche.
— Estas loca, siempre le dije a Melly que no me agradaba su amistad contigo, a kilómetros se notaba la envidia que le tenías, que siempre le has tenido.
— Eso ya no importa, si realmente no quieres que mi amiga, casi hermana, sufra por nuestra culpa, tendrás que guardar silencio. De lo contrario, sufrirá por partida doble ja, ja, ja, ja.
La veo con ganas de ahorcarla, a parte de todo acaba de confesar que para nada quiere ni un poco a Melly.
No aguanto ni un minuto más aquí, recojo mi ropa y me visto lo más rápido que puedo.
Estoy por salir de la habitación cuando se levanta corriendo de la cama, me abraza por la espalda de la cintura, aferrandose a mi cuerpo.
— No te vayas, Giani, la pasamos tan bien, además ella no te merece, siempre te ha visto por encima del hombro, para ella jamás estarás a su altura, en cambio yo te acepto tal y como eres, tú y yo somos el uno para el otro, somos iguales, ambos venimos de abajo...
No la dejo terminar de hablar y me safo de su agarre, solo estupideces salen de su boca.
Ni Melly me ve por encima del hombro, ni yo vengo de abajo, gracias a la vida, mis padres al igual que mis suegros, ostentan una excelente posición social y económica.
Salgo del hotel más que enfurecido, hasta idiota me siento, algo tuvo que haber puesto en mi bebida.
Tomo un taxi y me dirijo al hospital para hacerme unos análisis de sangre, tengo que descubrir que fue lo que la loca esa me puso.
En cuanto llego solicito una consulta y le pido, a nuestro médico de
cabecera, me mande una orden de estudios, pero primero le informo de todo lo acontecido la noche anterior y lo que pasó esta mañana.
Al igual que yo, esta bastante conmocionado, desde siempre le dijimos a Melly que Joana no era buena persona.
Me toca esperar un par de horas para tener los resultados, no pienso llegar con las manos vacías, estoy más que seguro que la loca ya esta en mi casa llenando la cabeza a mi esposa con sus mentiras.
Cuando el médico me entrega los resultados, me indica que efectivamente, en mi sangre hay un compuesto químico que se usa como somnifero.
Me da indicaciones y dieta, pues por el tiempo transcurrido ya no es posible un lavado de estómago, pues la sustancia ya fue absorbida por mi sistema.
Creo que ya tengo lo que necesito para demostrar que yo no he fallado, se que en cualquier momento Joana tratará de hacer algo para alejarme de mi Melly.
Llego a casa un poco menos angustiado, cosa que dura nada cuando subo a nuestra habitación.
El lugar está completamente vacío, los cajones están abiertos y vacíos, corro al vestidor y no hay nada de su ropa, ni zapatos, nada.
Me siento en la cama y tomo mi cabello entre mis manos, no creo lo que veo, me niego a hacerlo.
De repente un pequeño brillo en mi mesa de noche llama mi atención, me acerco para ver de que se trata.
¡No! Son nuestras alianzas junto a una carta, las manos me tiemblan y sudan sin control, no se pudo ir, no ahora.
Abro el sobre y efectivamente, Mellisa se ha marchado, lo peor del caso es que no me dio ni oportunidad a defenderme, tomo dos respiraciones profundas para darme valor a leer.
Giancarlo
Deseo de todo corazón que hayas disfrutado el verme la cara de idiota, no sé ni por cuanto tiempo, solo te pido que no me busques, tanto tú como esa, están muertos para mi desde ahora. No quiero escuchar ni tus súplicas, ni tus pretextos, tampoco quiero verte, con lo que me toco este día fue más que suficiente para mi. Así que por favor, si tienes algo de respeto aún por mi, dejame en paz, en unos días estarás recibiendo la visita de mi abogado para que firmes los papeles del divorcio, por tu puesto en la empresa no te preocupes, seguirás con los mismos privilegios, así podrás mantener a tu amante, te dejo libre para que trates de ser feliz, si es que puedes, con esa que fingió muy bien ser mi amiga, adiós traidores, espero nuca más volverlos a ver en mi vida. Ah por cierto, no molestes a mis padres, ellos no saben nada, y por su bien y el tuyo, te recomiendo mantengas tu boca cerrada. No quiero que ellos sean el hazme reír de todos y que cometen del par de astas que el nuevo presidente le ha puesto a su hija. No quiero que por ningún motivo ellos sepan que ahora soy LA ESPOSA ENGAÑADA DEL CEO.